

Cristina Abad Cabal. La Noche Blanca del Flamenco alcanzó su séptima edición con el recuerdo del maestro Paco de Lucía muy presente. La gran fiesta del flamenco volvió a reunir a algunas de las figuras más destacadas de este arte. Córdoba se quedó en vela para disfrutar de las más diversas tendencias del flamenco actual que contaron con diez escenarios ubicados en distintos puntos del casco histórico de la ciudad. La Noche Blanca del Flamenco es un evento organizado por el Ayuntamiento de Córdoba y este año cuenta con la colaboración de la Fundación Cajasur, la Casa Árabe y El Corte Inglés.
A las diez y media de la noche, en el escenario de la Plaza de Las Tendillas, Sara Baras fue la encargada de inaugurar la gran noche del flamenco. La bailaora gaditana, que participa por primera en el cartel, presentó su espectáculo Suite Flamenca, una producción creada expresamente para la Noche Blanca del Flamenco. Lo hizo acompañada de su cuerpo de baile y del bailarín cordobés, José Serrano, que intervino como artista invitado y recibió un homenaje por parte de la organización en reconocimiento a su trayectoria artística.

El homenaje a Paco de Lucía, que estuvo dirigido por el bailaor cordobés Daniel Navarro, dejó la huella del maestro de las seis cuerdas ya que gracias el espectáculo que tuvo lugar en el patio del Alcázar viejo llegada la medianoche, Córdoba volvió a recordar el arte de este guitarrista. Se pudieron ver diversas proyecciones que hacían alusión a Lucía, y la decoración estuvo formada entre otros aspectos por graffitis con la imagen del gaditano. El espectáculo contó con la participación de un diverso grupo de jóvenes artistas locales del cante, baile y toque.
Por su parte, el entorno de La Calahorra que se recuperó como espacio escenográfico este año después de varias ediciones, acogió a partir de las doce la propuesta de corte más clásico. Contó con las actuaciones del guitarrista Niño Seve, el cantaor Manuel Cástulo y la bailaora Mercedes de Córdoba, los tres galardonados con el primer premio en la última edición del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, que aportaron las mayores dosis de flamenco en estado puro.
La fiesta continuó en el Compás de San Francisco pasada la medianoche, donde Arcángel protagonizó el segundo de los estrenos de la edición de este año. Córdoba fue la ciudad elegida en España donde el cantaor presentó en la noche de ayer 21 de junio su nuevo espectáculo Estruna, un proyecto que ya vio la luz el año pasado en Sofía (Bulgaria) junto al Coro de Nuevas Voces Búlgaras Laletata y que supone un punto de encuentro en el que confluyen la tradición musical búlgara, el flamenco y el jazz.

Llegada la una de la madrugada dieron comienzo dos de los platos fuertes de esta edición. La Plaza de La Corredera volvió a vibrar con el arte del jerezano José Mercé, sin duda uno de los cantaores de referencia del panorama flamenco actual. En su concierto sonaron temas de su último disco Mi única llave y con gracia y desparpajo se ganó al público al cantar por bulerías que el Córdoba Club de Fútbol subía a primera. Simultáneamente, a esa misma hora estuvo en el Patio de los Naranjos Niña Pastori, que volvió a Córdoba con su gira “Lo que quiere el alma” y un variado repertorio en el que interpretó por primera vez en directo varios temas inéditos. Una de las anécdotas de la noche fue el cierra de las puertas de la Mezquita Catedral debido a la gran afluencia de público, finalmente solo los afortunados que pudieron tener un hueco en el Patio de los Naranjos pudieron disfrutar del espectáculo.
A medio camino entre La Corredera y el Patio de los Naranjos, subió al escenario Tomasito. El jerezano regresó a Córdoba con su espectáculo Azalvajao, que comenzó en el incomparable marco de la Plaza del Potro a la una y media de la madrugada. El binomio árabe-flamenco volvió a reeditarse una vez más en Plaza de Abades con el espectáculo “Algarabía”. La producción de Casa Árabe tuvo como protagonistas a los artistas participantes en la primera edición de su Escuela de Música Árabe-Flamenco. El concierto tuvo lugar pasadas las dos de la noche y consistió en un diálogo entre los diferentes géneros de la música árabe y los palos del flamenco.
El piano de María Toledo fue otra de las grandes novedades del cartel de esta séptima edición. La manchega actó en el escenario de la Plaza de Jerónimo Páez, junto al Museo Arqueológico, donde se pudo disfrutar de la sensibilidad de su sugerente voz llegadas las tres y media de la noche. “María Toledo en concierto” lleva por nombre el espectáculo de la pianista, que hace un recorrido por los diferentes temas de su trayectoria discográfica.
Por último, en la Plaza del Triunfo, el flamenco más guasón y desenfadado corrió por cortesía de otro jerezano, el compositor Diego Carrasco, que al compás de su espectáculo Hippytano puso el fin de fiesta a una intensa noche con un concierto que dió comienzo a las cinco de la madrugada. El gitano más hippy estuvo acompañado por un grupo de rap.

Dentro de los actos paralelos a la Noche Blanca del Flamenco, este año se reeditó el programa Alcázar viejo a la luz de las Velas. Dio comienzo el pasado jueves y se prolongó hasta la noche del sábado 21 de junio con una variada programación de conciertos, recitales y proyecciones en video de temática flamenca. Nuevamente los vecinos del barrio de San Basilio abrieron las puertas de sus patios al público e iluminaron con más de 3.000 velas sus calles y plazas. Los patios permanecieron abiertos gratuitamente al público hasta las doce de la noche.


















































