Pon la radio y disfruta de la música

Nuestros pensamientos dan lugar a nuestras emociones, si piensas bien, te sentirás mejor.

Begoña Anguiano. “Tengo mucho trabajo, una familia y llevar a los niños a las actividades extraescolares.  ¡Voy todo el día de acá para allá, con prisas y pensando en mil cosas que me quedan por hacer!”

En esos momentos  es normal que te sientas agobiado, estresado, que tu respiración vaya más rápido, que sientas tensión o dolor muscular, que tus latidos se aceleren  y que incluso disminuya tu apetito. Si esto sigue así durante mucho tiempo, tu cuerpo está realizando un sobre esfuerzo; y es que somos como los coches, “si vamos a más revoluciones de las que deberíamos, el motor se gripa”. A las personas  nos ocurre lo mismo, si no le hacemos caso a las señales que nos da nuestro propio cuerpo para que paremos, bajemos el ritmo o disfrutemos un poco más de aquello que realizamos, nuestro organismo frena por sí solo.

Y digo bien, disfrutar, porque son muchas las veces que el ritmo diario al que estamos expuestos no nos deja saborear nuestro trabajo  por el  que tanta vocación sentíamos y por el que ahora cada lunes se nos hace cuesta arriba pensando en todo el trabajo duro que nos espera esta semana. O la ilusión que nos hacía  que nuestra hija pequeña aprendiese a bailar flamenco y sin embargo cada miércoles la dejamos más deprisa y no nos damos cuenta de que  ni siquiera  la hemos visto  bailar ni una tarde, hasta que no nos  pide que le compremos el traje para la función de final de curso.

Y es que esto, en la sociedad en la que vivimos, se da con bastante frecuencia. Cuando estamos sometidos a mucha presión nuestro cuerpo reacciona y es ahí donde aparecen los primeros síntomas de estrés. Pero entonces ¿qué hace que nos estresemos? Nos estresamos cuando hay un desequilibrio entre las demandas del entorno  y nuestros recursos para hacerle frente. Cuando percibimos que no podemos enfrentarnos a la situación;  ya sea por miedo, por desconocimiento, o por falta de tiempo…  puede generarse en nosotros estrés.

Si estamos en un atasco y llegamos tarde a trabajar sólo nos quedan dos cosas: o fruncir el ceño, enfadarnos y tocar una y otra vez claxon (sabiendo que eso lo único que va a provocar es que te aceleres más) o poner la radio, sintonizar tu frecuencia favorita y disfrutar de la música que te gusta.

Siendo conscientes de que por más rápido que vayamos, el reloj no corre más; que por más que nos enfademos en el trabajo, nuestro jefe seguirá haciendo de las suyas y que nuestros hijos, corren, lloran y gritan porque a esa edad es lo que deben hacer, el estrés no podrá  con nosotros. Todas estas variables externas seguirán siendo así hoy, mañana y el de más allá; pero son nuestros pensamientos, los que nos pueden dejar disfrutar de nuestro día a día, los que van  a hacer que todos estos estresores nos limiten y nos paralicen o, por el contrario, nos den fuerza para enfrentarnos una y mil veces  a ellos. De nuevo, la decisión de que saborees este día que acaba de comenzar, es tuya.

Nuestros pensamientos dan lugar a nuestras emociones, si piensas bien, te sentirás mejor.

Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.