Mantenerse en lo positivo

¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?
¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

José Gómez Barbadillo. Un viejo cuento oriental cuenta la historia de un campesino tan pobre que sólo tenía un caballo. Un día el caballo se escapó y huyó hacia las praderas donde no fue posible alcanzarlo. Los vecinos de este hombre fueron todos apenados a mostrarle su consuelo, su cariño y su apoyo y trataban de confortarlo en su mala suerte. “¿Buena Suerte? ¿Mala Suerte? ¿Quién lo sabe?” contestó sin embargo el campesino y sin dar muestras de desánimo o desesperación, volvió a sus tareas. Tres semanas más tarde, el caballo huido volvió y para gozo de todos los que lo vieron, arrastraba tras de sí toda una manada de caballos salvajes de las montañas. Esta vez todos los vecinos se pusieron en camino para alegrarse con el campesino y transmitirle su alegría por su buena suerte. “¿Buena Suerte?¿Mala Suerte? ¿Quién lo sabe?” contestó de nuevo el campesino y como la vez anterior volvió a sus tareas sin dar muestras de especial alegría. Algunas pocas semanas después, quiso el destino que el único hijo del campesino tratando de domar uno de los caballos salvajes se cayera y se rompiera una pierna. La gente de nuevo se puso en marcha para transmitir solidaridad, apoyo y comprensión al campesino ante la mala suerte. “¿Buena Suerte?¿Mala Suerte? ¿Quién lo sabe?” contestó de nuevo el campesino y como la vez anterior volvió a sus tareas indiferente. Aún unas semanas más tarde, se declaró una guerra y reclutaron para el ejército a todos los jóvenes mayores de 16 años excepto al hijo del campesino que por tener la pierna rota fue declarado exento. La historia continua y probablemente el campesino continuaría diciendo lo mismo una y otra vez: ¿Buena Suerte?¿Mala Suerte? ¿Quién lo sabe?

Me gusta especialmente este cuento y no me canso de contarlo. En un momento determinado de mi vida me abrió los ojos a una perspectiva diferente. Creo que esta secuencia de claroscuros, altibajos, rachas de distinta suerte, es una constante que todo el mundo ha podido experimentar en su vida. Hay épocas en las que la vida fluye, creativa, poderosa, constructiva,… llena de energía e ilusionante. Creemos que por fin hemos entrado en la plenitud de nuestra existencia y confiamos que seguirá así. Por el contrario, en otras épocas, parece que todo sale mal. Los problemas y las desgracias se encadenan unas a otras y pensamos que la vida es sufrimiento y que no hay manera de escapar de ello. Cuando acabé mi periodo de formación como cirujano, encadené una racha positiva. A pesar de que  el futuro laboral en aquellos años parecía sombrío, encontré rápidamente un trabajo. Durante los meses que pasé allí, se abrió un hospital nuevo y me presenté para un puesto de cirujano. Para redondear aún más la jugada, el puesto de Jefe de Cirugía lo ocupó un buen amigo mío con el que llevaba muchos años trabajando lo cual nos ilusionó mucho a los dos. Poder trabajar juntos y poner en marcha un proyecto nuevo era una experiencia fascinante. Pudimos formar un equipo de cirujanos y amigos. Habíamos sido todos compañeros durante la residencia y nos conocíamos bien. Ese escenario, la posibilidad de que al terminar nuestra formación pudiéramos trabajar todos juntos en un hospital de nueva apertura era un sueño con el que fantaseábamos durante esos años. Un sueño a priori improbable. Y sin embargo ese sueño se cumplió. La noche que me enteré con quien iba a trabajar la recuerdo como una de las noches más emocionantes de mi vida. No pude dormir pensando en lo afortunado que me sentía y como el destino parecía elegirme para algo cuando se encadenaban tantas circunstancias favorables. Como resulta más que evidente, esa racha acabó. Dos años después empecé a encadenar situaciones negativas hasta el punto que 2002-2004 fueron de los años que recuerdo como peores de mi vida. Pero esa es otra historia…

Hay aún otra lección más profunda en este cuento oriental.  Tiene que ver con la libertad. Si nunca estamos seguros de que tomando una decisión que nos parece buena el resultado sea positivo y a la inversa, si no podemos estar seguros de que tomando una decisión mala el resultado sea negativo, entonces… podemos sentirnos un poco más libres para actuar. Con frecuencia dudamos de emprender una acción por miedo a que salga mal. Sin embargo hemos visto que un resultado negativo puede ser un paso intermedio necesario para que al final la historia acabe bien. Si no hubiera escapado el caballo del campesino, éste no se hubiera visto agraciado con la llegada inesperada de una manada de caballos. La decisión no importa, porque nunca podemos estar seguros de cual va a ser el resultado final de nuestras acciones. Si no puedo estar seguro de que lo que haga con la mejor intención va a acabar bien; si no puedo estar seguro de que si me equivoco con mi decisión y genero un mal, este mal sea irreversible,… entonces no tengo porque tener miedo de tomar decisiones.  La única regla es actuar con la mejor intención posible.

Decía la mística inglesa Juliana de Norwich “Al final, todo, todo,…, saldrá bien”. Recientemente he leído una frase parecida extraída de una película de cine del año 2011, “El Exótico Hotel Marigold”. “Al final todo saldrá bien, y si no sale bien es que no es el final”, con esta optimista frase, el insistente encargado del deficiente Hotel Marigold intenta convencer a sus clientes recién llegados de que su estancia en el hotel va a ser satisfactoria. La idea es la misma si bien enriquecida con cierto grado de humor en el cine. Pero en este proceso dialéctico entre rachas buenas y rachas malas, la tendencia final siempre va a aproximarse a lo positivo.

“Reality Transurfing”, que podría traducirse como “Navegando a través de las olas de la Realidad”, es una trilogía de libros escrita por un autor ruso que se llama Vadim Zeland. En ella, se establece una curiosa teoría acerca de la vida, teoría que de alguna forma pretende establecer un escenario físico a la percepción de muchas corrientes espirituales e incluso de la psicología cognitiva, de que nuestra realidad depende de nuestras emociones y estas dependen de nuestros pensamientos, de manera que eligiendo los pensamientos positivos nos desplazamos, como el surfista lo hace entre las olas, a través de diferentes líneas de la vida a aquellos escenarios en que se cumple la realidad que creamos con nuestros pensamientos. Una realidad positiva si mantenemos pensamientos positivos frente a una realidad negativa si los pensamientos que ocupan nuestra mente son negativos.

Me gusta esto de poder sentirme libre para actuar. Lo que yo haga es irrelevante para el resultado final de la secuencia de acciones que se pone en marcha con mis decisiones y actos. La única cosa que tengo que tener en cuenta es elegir las actitudes positivas. Si trato de hacer consciente y firmemente aquello que en mi humilde, y con frecuencia errónea, opinión sirve para ayudar a los demás, y mantengo en mi mente pensamientos positivos hacia todo lo que me rodea, las olas de la vida me desplazarán progresivamente hacia una realidad favorable. Para mí y para la gente que me rodea. Y entonces podremos decirle al exótico encargado del Hotel Marigold… “Pues sí mi querido amigo. Este sí es el final”.

One Response to "Mantenerse en lo positivo"

  1. Eduardog   28 enero 2016 at 10:13 am

    Me ha alegrado el día este artículo y alentado a seguir en los tiempos difíciles en que me encentro. Gracias

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