Toñi Martínez. Con vehemencia en la mayoría de ocasiones, el poeta desea transmitir sus vivencias o las de otras personas, convirtiendo, así, los anhelos, esperanzas o zozobras en un proceso que requiere la armoniosa denominación de creación artística: el poema. El pintor maquilla el lienzo, el arquitecto forma la materia, el poeta es seducido por la palabra e irremediablemente se ve arrastrado hasta convertirla en verso. Imbricando con maestría verso a verso nos obsequiará con deliciosos poemas para leerlos, recitárselos a alguien o escuchárselos a una delicada garganta envueltos en la atmósfera íntima que crea la poesía. ¡Cuánta belleza!
El poeta se engrandece en el amor y para él. Por ello nos brinda versos candados a elementos del universo, a la muerte, a la eternidad del espíritu y del alma, consiguiendo así una de las melodías más anheladas y coreadas por los amantes: “para siempre juntos estemos donde estemos”. Hay veces que en nuestro desaliento y en el desconcierto de la vida nos encontraremos en situaciones que nos harán ver cómo la orquesta de la vida no tiene director. Clamaremos al cielo para que el Todopoderoso nos ilumine (para eso, seguramente, se crearon los versos). Dirá uno de los grandes presentes de nuestra tierra andaluza, Manuel Alcántara, eso de:
“Dando traspiés el alma, caes y te
levantas, ¡qué remedio!, y ni siquiera
duele. ¿Dónde andas, Dios? Si lo supiera…
Y Dios sigue jugando al escondite”
El trabajo artístico del poeta nos hará comprender y sentir que el amor no sólo influye en la vida de las personas, sino que las marca como hierro con fuego. ¡Qué pocos sentimientos hay en la vida que nos hagan sentir el gozo y la desdicha que el amor nos da! Gracias a que cuando padecemos la sed del amor perdido, la punzada en el estómago por el abandono o el dardo envenenado de la traición clavado en el alma, aparece repentinamente y por obra divina esa fuente que nos dará frescura con su agua en nuestra boca, cara y manos para retomar de nuevo el aliento perdido, no asfixiarnos y seguir creyendo que el amor puede que se encuentre escondido tras una adelfa en flor, muy cerca de allí, para abrazarnos de nuevo. Antonio Gala escribió con el dolor de la traición a la par que con consuelo esperanzador, los siguientes versos:
“Murallas he levantado
para que tú no me vieses,
y en las murallas abría
troneras por las que verte”
Recordaré siempre a un poeta que cincelaba en algunos de sus versos la gran fuerza del amor: la férrea oposición a la separación de la otra mitad de tu ser. Era Pedro Salinas. Cuando los amantes se resisten a que sus manos no se vuelvan a entrecruzar, cuando luchan desde la clandestinidad para seguir contemplando la pleamar juntos y las orquídeas no dejan de llegarle de forma anónima a la amada, entonces es cuando el amor es alto como para pasear con el cielo cogidos por la cintura. Y mientras pasean asidos amor y cielo, se miran a los ojos. Recojo aquí estos maravillosos versos del gran poeta que fue Salinas y que, por circunstancias históricas, aún no se le ha concedido la distinción y el mérito que merece.
“Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando”
Deseo que disfrutes la poética de la materia que rodea tu vida.
Muy bueno,me ha encantado.Al igual que Gala o Salinas, tú también has hecho poesía en este artículo.
Hay personas que dominan las ciencias, otras el arte en sus distintas encarnaciones, … Pero solo los elegidos manejan las palabras como si fueran sentimientos. ¡Enhorabuena!
Mamá:
Pocas personas tienen el don de escribir y tú, ya que lo tienes, lo aprovechas muy bien, sigue escribiendo así, me siento orgulloso de ti.
Emilio García Martínez