Francisco Calzadilla Peñalta. Continuando nuestro recorrido por las iglesias fernandinas de la ajerquia cordobesa, hoy 26 de marzohacemos parada en la parroquia de San Andrés.
Todo hace indicar que esta iglesia se sitúa sobre los cimientos de la antigua basílica visigoda de San Zoilo y formará parte de la collación del mismo nombre que fue creada por orden de Fernando III en 1241.
Desde el comienzo tendrá una posición religioso-estratégica muy importante, ya que se encontraba enclavada en una de las vías más importantes de la Córdoba medieval, la Vía Augusta, y que comunicaba las Puertas de Hierro y Plasencia.
Esta importancia estratégica de la zona no se veía acompañada de un gran número de vecinos y era, como otras tantas collaciones, una zona con un gran índice de despoblamiento. Situación que no cambiará hasta la construcción del Convento de San Pablo, ya en el siglo XV. También se construyeron en la collación el Hospital de la Sangre de Cristo y el Hospital de San Andrés (hoy desaparecidos) y casas nobles como la de los Luna, en la misma plaza de la parroquia, los Hoces o los Villalón.
Por lo que respecta al edificio parroquial, propiamente dicho, poco queda de la primitiva construcción medieval. Las sucesivas reformas han ido cambiando el recinto de tal forma que, por cambiar, ha cambiado hasta la orientación de la iglesia.
La disposición de la iglesia medieval seguía el modelo típico de las iglesias fernandinas cordobesas, es decir:
– Planta cuadrangular dividida en tramos por arcos apuntados sin crucero
– Existencia de ábsides en la cabecera de la iglesia, en este caso poligonal el central y planos los laterales.
– Espacio rectangular que precede al ábside central.
– Divida en tres naves, siendo de mayor altura y anchura la nave central con respecto a las laterales.
– Cubrimiento del espacio de las naves con una techumbre de madera.
Las obras comenzaron, con gran probabilidad, pasada la mitad de la centuria y no se terminarán hasta 1489, fecha del levantamiento de la portada principal, donde aparecerán elementos propios del último gótico, no obstante, alrededor de 1277 hay constancia de la ocupación de la parroquia por parte de seis clérigos. Esta conformación que acabamos de comentar sufrirá, básicamente, dos grandes transformaciones que harán desaparecer, a la vista, la fábrica medieval. Estas modificaciones se produjeran en el siglo XVI y, sobre todo, en el siglo XVIII.
La transformación comentada del siglo XVI consistió en la realización de una torre que siguió los parámetros marcados en la obra de Hernán Ruiz II y plasmados en la torre de San Lorenzo. Esta torre la mandó realizar fray Martín de Córdoba y Mendoza (1578/81), es una construcción de planta cuadrangular, de piedra, con dos cuerpos, pudiendo apreciar en el primero los escudos del obispo Córdoba y Mendoza.
Pero sin duda alguna, será la transformación del siglo XVIII la que cambie la fisonomía de la iglesia de San Andrés, hasta el punto de hacerla irreconocible respecto a la fábrica medieval. Lo que fue la iglesia medieval, pasa a ser sólo una parte de la nueva iglesia, concretamente el crucero y la capilla sacramental, ya que el terreno de la parroquia había aumentado al añadírsele los terrenos del cementerio parroquial. Esto hace que, obviamente, se cambie la orientación de la misma y pase de una orientación este-oeste a una orientación norte-sur. La cabecera del edificio ocupara ahora el lado sur. Estas obras fueron llevadas a cabo por los arquitectos del obispado, los hermanos Juan y Luis Aguilar, bajo el gobierno del obispo Siuri.
El edificio resultante será uno de planta rectangular, con cabecera recta y crucero, de tres naves y tres tramos que se cubrirá con bóvedas de arista las naves y el presbiterio y con bóveda de cañón con lunetos, los brazos de la cruz. En el crucero se utilizará la bóveda baída.
Respecto a la fachada principal, situada a los pies del templo, se utilizará un gran hastial que se dividirá en tres calles, siendo la central de mayor anchura y coronada por un frontón. El desnivel de las laterales se salvará por roleos. En la calle principal estará la portada con cornisa quebrada y donde pueden contemplarse el escudo episcopal del obispo Siuri y ,en una hornacina, la imagen de San Andrés, titular de la parroquia.
Desde el punto de vista artístico, hay una gran cantidad de obras de la escuela de Pablo de Céspedes, de Antonio del Castillo y de Antonio Palomino. Es de destacar el retablo de Duque Cornejo con impresionantes esculturas como el Crucificado o el San Rafael.
Mención especial merece por ser un claro exponente de la retablística del Quinientos, el retablo de la Asunción, compuesto por un banco, un cuerpo dividido en tres calles y dos registros ornamentados con pinturas en tabla; en la calle principal hay una hornacina con la figura de la Virgen. Todo esto es rematado con un ático en cuyo registro central es un Calvario de escultura.
Como sucediera en otros barrios fundados al amparo de las iglesias fernandinas (ya comentamos el de Santa Marina), las condiciones de salubridad eran pésimas, en parte por el arroyo de San Andrés que pasaba por ahí y daba nombre al barrio. Esto desembocó en numerosas epidemias, entre las que se pueden citar las de 1804 1835, como dos de las más devastadoras para la zona.
Sirva como anécdota que el Realejo recibe su nombre, según cuentan, de haber sido la residencia oficial del monarca Fernando III el Santo mientras que preparaba la conquista cristiana de las zonas limítrofes. Por esa razón, allí establecieron su residencia los más notables de Córdoba, pero sus casas fueron destruidas por el rey Don Pedro el cruel, en su disputa con Don Enrique de Trastámara, por el apoyo de los nobles cordobeses a este último en su lucha por el trono.
No quisiera terminar sin citar una pequeña leyenda recogida por Ramírez de Arellano en sus Paseos por Córdoba: “Vulgarmente se dice que una mujer robo un pan en la plaza del Salvador, yéndose a seguida a misa a San Andrés, como si su conciencia estuviese tranquila, que al salir de la iglesia llegó un alguacil a prenderla. Entonces no sólo juró que lo había comprado, sino que gritaba diciendo: ojalá hubiera permitido Dios que se volviera piedra antes de ser insultada de aquel modo. Las palabras fueron vengadas, volviéndose el marmolillo al que faltaba el pedazo, porque el brazo con el pan quedó suelto y fue recogido y puesto en aquel lugar para escarmiento de los que daban a los hurtos. Ésta es la ridícula y extravagante tradición que algunos ancianos cuentan como un castigo del cielo”
Desde el punto de vista cofrade, esta parroquia alberga a dos hermandades, la Ilustre y Venerable Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Penas y María Santísima de la Esperanza, que procesiona el Domingo de Ramos y que fue fundada en 1939.
Esta Hermandad, cuyos titulares provienen de la parroquia de Santa Marina, tiene dos pasos, el primero representa el momento en el que se ordena cargar a Jesús la Cruz en su camino al Calvario. La figura de Cristo fue realizada y restaurada por Martínez Cerrillo, el resto son de Antonio Bernal. El segundo paso es María Santísima de la Esperanza , obra de 1947 del maestro Martínez Cerrillo.
La segunda hermandad de esta parroquia procesiona el Martes Santo y es la Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Buen Suceso en su encuentro con su Santísima Madre la Virgen de los Dolores en la calle de la Amargura, María Santísima de la Caridad y San Andrés Apóstol, conocida entre cordobeses como el Buen Suceso, y cuya fundación data de 1973.
El paso de Misterio representa el encuentro de Jesús con su Madre en la calle de la Amargura. Nuestro Padre Jesús del Buen Suceso en una obra anónima del S.XVII, cercana a los círculos de Pedro Roldán. Fue restaurada por Castillo Ariza en 1972, Martínez Cerrillo en 1973 y 1978, así como por Antonio Bernal y Francisco Romero en 1998. Le acompañan las figuras de María Magdalena, Cleofás, María Salomé, el Cirineo y un romano, obras de Miguel Ángel González Jurado entre 2004 y 2008..
En el segundo paso es obra de Miguel Ángel González Jurado, igualmente, del año 1991, y representa a María Santísima de la Caridad bajo palio.
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