Evitar intoxicarse

20 octubre 2014

Un dicho Cherokee

Un dicho Cherokee dice: “Dentro de cada uno de nosotros hay una batalla entre dos lobos”.

José Gómez Barbadillo. Un viejo dicho Cherokee afirma que dentro de cada uno de nosotros hay una batalla entre dos lobos. Uno es la ira, la envidia, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras y el ego. El otro es la dicha, la paz, el amor,  la esperanza, la humildad, la bondad, la empatía y la verdad. La batalla entre las dos fieras se libra en el interior de cada uno de nosotros. El lobo que gana es aquel al que alimentamos de forma especial. Y cada uno elije su lobo favorito.

Hace unos días fui testigo de una reacción propia, tan frecuente en mí, que habitualmente me pasa inadvertida. Ese día sin embargo me paré y me vi desde fuera como un observador. Acababa de volver de vacaciones a principios de agosto cuando examiné la relación de guardias del mes. Al darme cuenta que tenía guardia durante tres sábados y además también el día 15 de agosto que era festivo, empecé a indignarme. Presa de una irritación creciente me dirigí al compañero responsable de establecer las guardias y con cierto enfado le solté el malestar que me producía tener ocupados todos los fines de semana. Para quien sea ajeno a este mundo diré que la guardia del sábado, no te permite descansar durante dos semanas ya que el domingo te levantas a las ocho de la mañana y el lunes vuelves al trabajo a la misma hora. Además, es notable la penosidad de trabajar los fines de semana, especialmente en verano, cuando la mayoría de las personas espera desconectar y pasar unos días en la playa de viernes a domingo. Nada de eso es posible si tienes guardia un sábado. Menos aún si tienes guardias varios sábados del mes. Comunicar mi malestar no me sirvió de nada. Mi compañero ni siquiera mostró comprensión o trató de darme una disculpa que de alguna forma relajara algo mi nivel de indignación. Para complicar más las cosas, se puso sobre la mesa la cuestión de si se puede descansar los lunes después de realizar una guardia en sábado. Esta es una cuestión controvertida, que el SAS no reconoce a pesar de que hay varios pronunciamientos judiciales en este sentido. Mi enfado fue en aumento. Me sentía engañado, frustrado, tratado de forma injusta. Y de repente, tras encaminar mis pasos al despacho, me vi haciendo un escrito dirigido al Director de Recursos Humanos del Hospital acerca de esta cuestión. Podéis imaginaros que mi cabeza era una caldera hirviendo y que las palpitaciones que la ira provocaba en mi pecho se podrían oír a distancia. Me sentía obcecado, confuso, indignado. Sentía necesidad de hacer algo…

Y de pronto paré… Reconocí mi malestar. Me di cuenta de que no quería estar así. Así que comencé un diálogo interno conmigo mismo. “¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Tan malo es hacer tantas guardias en este mes? Hombre… no me agrada. ¿Pero compensa alterar mi bienestar y tranquilidad de hoy por algo que no está en mi mano arreglar?. A fin de cuentas en septiembre voy a estar tres semanas fuera del hospital. Voy a trabajar en un proyecto de cooperación y eso me produce bastante satisfacción. Me siento agradecido de poder hacerlo y disfrutar de esta experiencia. Además, la pérdida de sueldo que voy a tener ese mes la voy a compensar con el exceso de guardias que hago en agosto. Y eso era algo con lo que no contaba. Otra cosa más: hoy estoy de guardia y mañana tengo el día libre. Y eso me apetece bastante. No lo voy a arruinar pasándome el día de hoy enfadado. Por otro lado, la cuestión de si puedo descansar los lunes puede esperar a septiembre. Puedo consultar a un abogado y así, con la cabeza fría, bien aconsejado, hacer las cosas de una forma más oportuna… “

Mientras mantenía este diálogo conmigo mismo, me iba notando progresivamente más tranquilo. Mi cuerpo se iba aflojando. La sensación de opresión y palpitaciones iba desapareciendo. Cuando terminé, me sentía libre. Me sentía otra vez contento. Me había quitado un peso de encima. Fue todo un auténtico descubrimiento.

Con frecuencia, situaciones imprevistas nos provocan emociones “tóxicas” que nos introducen en una espiral de pensamientos negativos. Esta espiral nos lleva a un nivel en el que la circunstancia que desencadenó esta secuencia desaparece, pero resulta ya difícil salir de este estado de ánimo “intoxicado”. Esto me ha ocurrido muchas veces antes. La diferencia con la situación que he descrito antes radica en que este día paré a tiempo. Este día fui consciente del proceso que creaba la espiral. Fui capaz de observarme desde fuera. Y al verme como un espectador, al tomar conciencia de hacia donde me llevaba esta emoción despertada por un hecho real y objetivo, rechacé dejarme atrapar en la cascada generada por la “intoxicación”. Pero todavía comprendí más cosas. Comprendí que hay situaciones que activan, como un resorte, este tipo de emociones intoxicadoras. La sensación de ser objeto de un abuso y la suposición de que pueda haber algo personal en estas “injusticias” con las que se descuelga el destino, son habitualmente los desencadenantes de estas espirales tóxicas.

En “Los Cuatro Acuerdos”, un libro de espiritualidad basado en la sabiduría de los antiguos Toltecas, se establecen las bases sobre las que un joven podía considerarse iniciado para ser adulto. Los cuatro acuerdos de la sabiduría tolteca implican varios principios de vida. El primer acuerdo establece que debemos ser impecables con nuestras palabras. Es decir, no utilizar las palabras para hacer daño. El segundo, recomienda que no debemos tomarnos nada de forma personal. El tercer acuerdo afirma que no debemos hacer suposiciones. Finalmente, el cuarto nos compromete a hacer siempre el máximo esfuerzo en todo lo que emprendemos. Estos cuatro acuerdos encierran una gran sabiduría. Haciendo suposiciones, especialmente respecto al carácter que tienen las acciones de otras personas con respecto a nosotros, nos estamos equivocando la mayoría de las veces porque ¿quien puede estar realmente seguro de las motivaciones íntimas de los demás? No  somos tan importantes como para que todo el mundo nos tenga habitualmente en sus pensamientos. Pero al hacer suposiciones, sin base ninguna que lo justifique, también nos “intoxicamos” progresivamente hasta el punto de perder la objetividad. Estoy convencido de que la mayor parte de los problemas que se generan en nuestras vidas cada día podrían evitarse si todo el mundo siguiera estas cuatro máximas.

Dice el Salmo 34: “Guarda tu lengua del mal y tus labios de palabras mentirosas. Apártate del mal y obra el bien, busca la paz y ve tras ella”.  Ya hace bastante tiempo que la lectura de estas palabras me animaron a tratar de ser impecable con mis palabras aunque no siempre lo consiga. Ahora me propongo firmemente evitar hacer suposiciones acerca de las intenciones de los demás y evitar tomarme las cosas de forma personal. Poner el máximo esfuerzo en todo es algo que siempre ha tratado de hacer. Pero ahora se que tengo que tratar de no desfallecer en este empeño. Y hoy me siento mucho más tranquilo.

Volviendo al dicho Cherokee… Cada uno alimenta su lobo favorito. Yo hoy he comprendido que la ira, la rabia, el resentimiento,… me impiden disfrutar del bienestar que deseo. Por lo tanto, elijo conscientemente mi lobo. Hoy he decidido no intoxicarme más.

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