Cambiar la perspectiva

» Albert Einstein dijo una vez: “Si una y otra vez haces las mismas cosas, siempre obtendrás los mismos resultados”.

5 agosto 2014

José Gómez Barbadillo. Con frecuencia suelo enfadarme, contrariarme, protestar y refunfuñar cuando me enfrento a una contrariedad en mi vida. Pareciera como si la vida se empeñara en fastidiarme en miles de momentos que siempre parecen inoportunos. Un lugar cerrado en el momento en que me dispongo a realizar una gestión mil veces postergada anteriormente; el ordenador que no arranca cuando por fin he decidido armarme de paciencia y emprender una tarea aparcada una y otra vez;… La vida se compone de estos momentos. Y todas las personas, creo que sin excepción, hemos sucumbido una y otra vez a la frustración que originan estas pequeñas tomaduras de pelo del destino.

Recientemente he leído unas palabras de una persona sabia. El Dalai Lama es un líder espiritual arrojado de su hogar, de su tierra, de su patria por el odio de una ideología que no respeta nada más que la sumisión y la obediencia al poder. Aún así, sus palabras reflejan un profundo sentido de la compasión. Su llamada es a tener una mente flexible. Tenemos que ser capaces de cambiar la perspectiva y pensar que en aquellas contrariedades que la vida nos presenta, siempre existe una oportunidad para nuestro beneficio. Que en aquellas circunstancias en las que nuestro posicionamiento choca frontalmente con el de otra persona de la que nos consideramos antagonistas, es posible que la postura de nuestro leviatán particular encierre parte de razón. Lo dice una persona expulsado de su tierra y de su patria que ha visto como el ocupante de su nación trata de erradicar por todos los medios el legado espiritual de su cultura. Aún así, para el Dalai Lama esa situación tan desgarradora encierra una gran oportunidad. Sin ella, él hubiera seguido siendo un líder espiritual, encerrado en un palacio en Lhasa, sin posibilidad de descender al mundo real y diario. La ocupación china del Tibet y su exilio le permitieron la oportunidad de descender al mundo, tener contacto con los exiliados, conocer a gente de todo tipo, nacionalidad y religión. Y ello le supuso un crecimiento espiritual importante.

Cambiar la perspectiva y pensar que en las contrariedades que nos presenta la vida existe una oportunidad para crecer es una lección maravillosa. Miro y rebusco en mi vida y compruebo que ha sido así en múltiples ocasiones aunque mi ceguera hiciera imposible que yo fuera consciente en el momento oportuno. Cuando estrellé el coche en una solitaria y oscura carretera comarcal de Jaén, comprendí que la vida me daba la oportunidad de nacer de nuevo. Cuando pasé una de las épocas más difíciles de mi vida ocupando un puesto directivo para el que nunca me había preparado tuve la fortuna de conocer una serie de personas extraordinarias que me han acompañado desde entonces en mi vida. Cuando murió mi madre, fui consciente de  que la vida me había hecho un regalo impagable, una experiencia preciosa que me ayudó a crecer y a reconciliarme con el mundo. Los problemas que la vida me ha traído desde la muerte de mi padre me han enseñado que el sufrimiento tiene un límite, más allá del cual uno dice “basta” y empieza a querer construir una vida más plena. Los problemas en el trabajo me han recordado la fábula descrita en el libro “¿Quién se ha llevado mi queso?” y he comprendido que cuando notas que te han cambiado el queso de sitio hay que salir rápidamente a buscar queso nuevo fuera, sin esperar a quedarte sentado en la sala oscura del enfado y el resentimiento por el queso que crees que te han quitado.

Cambiar la perspectiva y pensar que el otro, puede tener razón, también es una lección valiosa. No significa cambiar de criterio continuamente. Sólo significa que soy capaz de comprender que el otro, al igual que yo, es una persona que trata de abrirse camino por la vida lo mejor que puede. Que el otro, al igual que yo, encierra una gran dosis de sufrimiento que trata de manejar lo mejor que sabe. Hay quien piensa que esta “flexibilidad” significa una auténtica falta de criterios y una debilidad personal. Nada más lejos de la realidad. El sistema de valores del Dalai Lama es muy simple pero muy sólido. Se basa en tres sencillas bases. 1) Soy un ser humano. 2) Deseo evitar el sufrimiento y alcanzar la felicidad. 3) Los demás seres humanos también desean igualmente evitar el sufrimiento y alcanzar la felicidad. Ser capaz de cambiar la perspectiva no sólo no te cambia los criterios continuamente sino que te refuerza en una escala de valores muy sencilla: la compasión. Sólo estoy empezando a caminar por esta senda. Pero hasta ahora, imaginarme que aquella persona tan incompatible conmigo que siento todo mi cuerpo ponerse tenso ante su sola presencia es una persona como yo, que arrastra sus circunstancias, su dolor, su sufrimiento gestionándolos lo mejor que puede me está cambiando la perspectiva.

No es fácil. Albert Einstein, el gran genio, dijo una vez… “Si una y otra vez haces las mismas cosas, siempre obtendrás los mismos resultados”. Creo que es importante, explorar formas distintas de hacer las cosas. Cambiar la perspectiva nos permite obtener resultados diferentes en nuestra vida ya que nos adentramos en una senda nueva e inexplorada. Pero al igual que los grandes descubridores del siglo XIX tuvieron la fortuna de disfrutar de paisajes ignotos de gran belleza nosotros tenemos la posibilidad de disfrutar de atardeceres mágicos nunca vistos anteriormente en la senda que recorremos cada día.

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