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Dobuss

Bebrand

Con la rapidez que gira un tiovivo, como todas las cosas buenas de la vida, así pasó el día que Córdoba recuperó su cerveza. Es más profundo que un mero producto recurrente, nuestra cerveza más identitaria, ha regresado después de un periplo en el que ha ido perdiendo interés a ritmo de memoria caduca, por culpa de tanta burbuja coctelera: Gin tonic aderezados, ladrones de manzanas y cervezas afrutadas.

Pero en la vida, como en el tiovivo, todo vuelve, todo pasa, exactamente eso, llega, pasa y
regresa.

Tiene Córdoba caché cervecero como para poseer su propia cerveza. Fría, helada, con suaves toques amargos y una espuma densa, cuando está bien tirada. Una cerveza de a pie, pero con mucho sabor y poderío. A mí personalmente me gustó, y muchos saben que soy de pico fino.

Desde uno de los lugares más lívidos de Córdoba, a los pies de culturas milenarias y con las vistas al Guadalquivir y la calahorra, se presentó esta cerveza que a falta de recuerdos de nostalgia nos abrumó con detalles que calman el alma.

Terraza, buen tiempo, airecito y música de calidad, esto como entrada. A continuación,
muchas Perikadas y un aluvión de cerveza bien fría que se ganó a pulso la fama.

Desde el grupo que regenta la tradicional fábrica cervecera de Córdoba, se expuso una forma distinta de hacer cerveza, hacerla con alma, y es que precisamente lo que viene a buscar este oro líquido de cebada, es la capacidad de devolver a Córdoba una de las señas de identidad de su historia culinaria. Ahora sí tienen los hosteleros una birra bien buena para ofrecer en sus casas.

Presentación por todo lo alto, nunca mejor dicho, la cual, no se quisieron perder los miembros de la recién gestada corporación municipal, ni tampoco los representantes de la actualidad cordobesa, así como uno de los chefs de moda, Periko Ortega, quien puso aún más sabor a la noche. Y es que hasta pasada la media noche duró un evento, que podían ser, de esos que nunca quieres que terminen, porque esta cerveza tiene la capacidad de crear un clima perfecto en la ciudad donde nada se gana, donde todo se compra, o donde siempre se olvida. Ojalá muchas iniciativas de este tipo suban nuestra ciudad como la espuma.