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Autoexigencias, expectativas difíciles de cumplir, metas inalcanzables, objetivos poco realistas o difíciles de lograr … ¿Os suena?

Cuando entramos en este bucle, comienza un proceso de autodestrucción que puede llevarnos a la enfermedad. La vida nunca está exenta de tristezas y dificultades, pero sí es cierto que si el lenguaje que utilizamos hacia nuestra persona ante los errores que cometemos o cuando nos equivocamos suele ser nefasto, podemos generar en nosotros un torbellino de emociones, sensaciones y pensamientos degradantes hacia nuestra valía, nuestra autoestima e imagen. Nos vemos y tratamos como »fracasados», como seres miserables, dedicándonos la peor de las palabras … ¿Por qué hacemos esto si jamás lo haríamos con nuestros hijos, pareja, familiares o amigos? ¿Por qué maltratarse así?

Son muchos los motivos, pero uno de los más comunes que observo tanto en la consulta como en la calle se encuentra en la historia de vida de esa persona: Simplemente no ha aprendido a hablarse de otra forma o ha sido sometido a fuertes presiones en su vida, llegándose a creer que merece ser tratado de esa manera.

Por ello, es de vital importancia construir una nueva historia donde se aprenda a tratar de otro modo: con consideración, con amor. Es el comienzo para empezar a tener una vida más plena.

Con esto no quiero decir que sea el antídoto definitivo o que no haga falta medicación, pero sí se ha visto que aprender a querernos, tratarnos con respeto, ser más benevolentes con nuestros errores, en definitiva: ser autocompasivos; incentiva la recuperación emocional, activa autoconceptos más precisos y alienta comportamientos de relación más solidarios, así como con un menor narcisismo e ira reactiva.

Además y, según un artículo publicado en la revista científica PLOS One, «La autocompasión reduce sistemáticamente la fuerza de la relación entre el perfeccionismo inadaptado y la depresión, tanto entre adolescentes como adultos», aseguró la autora principal del informe, Madeleine Ferrari, de la Universidad Católica de Australia.

Este tipo de personalidad perfeccionista es mucho más dañina si va de la mano del miedo a defraudar a terceros y cuando la persona no alcanza los objetivos que se propone, donde aparece la famosa y temida frustración.

Por tanto, el mantenimiento continuo de ese pedestal de perfección tiene grandes costes personales: ansiedad, estrés para, al final, desembocar en un océano de amargura, gran malestar, frustración, apatía, cansancio y pocas ganas de vivir.

Es imposible ser siempre la persona que esperan los demás-no es algo ni alcanzable, ni realista-. No estamos aquí para cubrir las necesidades ni las expectativas de nadie. Hemos venido a vivir, a ser aquella persona que deseamos ser, en base a nuestros propios valores y principios, tratándonos con cariño y respeto, comprendiendo y atendiendo las faltas personales como parte también de lo que somos: humanos.

Si tienes dudas, en la página web de MASSVITAL contamos con unas series de publicaciones en nuestro blog que pueden ayudarte a «oxigenarte», además de un equipo de psicólogos encantados de poder atenderte …

Por último, me gustaría plasmar un Principio Moral Universal, fuente del libro »El cerebro de Buda» – de Rick Hanson y Richard Mendius que viene a decir así:

«Cuanto más poder tienes sobre alguien, mayor es tu deber de usarlo con benevolencia».

¿Cuál es esa persona sobre la que tienes mayor poder? … La respuesta eres .

Tienes esa vida en tus manos, y lo que será de ella depende de cómo la cuides, de cómo te quieras.

Al fin y al cabo, eres tú quien vive su vida …

Rocío LH.