Logran convertir células de la piel en neuronas

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Alvaro Sánchez. Científicos del Instituto de Investigación Scripps (Estados Unidos) han ideado lo que llaman un ‘libro de cocina neuronal’ para convertir las células de la piel en diferentes tipos de neuronas. El estudio, publicado en la revista Nature, abre la puerta al estudio de las condiciones cerebrales comunes como el autismo, la esquizofrenia, la adicción y la enfermedad de Alzheimer en condiciones reproducibles en laboratorio.

“El cerebro es increíblemente complejo, con miles de tipos diferentes de células que están involucradas en diferentes enfermedades. El problema con la comprensión y el tratamiento de muchos trastornos del cerebro es que no podemos producir de manera reproducible los tipos correctos de células cerebrales. Ahora, hemos encontrado más de 75 formas nuevas de convertir rápidamente las células de la piel en neuronas que, creemos, se asemejerán mucho más a las de diferentes enfermedades neurológicas que las que estaban disponibles hasta ahora”, ha explicado Kristin Baldwin, profesora de Scripps y autora principal del estudio.

Baldwin continúa detallando la importancia de los hallazgos, ya que, a su juicio, “tener un suministro personalizado y casi ilimitado de diferentes tipos de células neuronales permite descubrir que está mal cuando se presenta una enfermedad”.

“Al mismo tiempo, el estudio proporciona un nuevo kit de herramientas con el que probar miles demedicamentos en las células afectadas para tratar de revertir esos problemas, en lugar de tener que probarlos en ratones u otros animales, con resultados que a menudo son difíciles de interpretar para las condiciones de los humanos”, ha agregado Baldwin.

El estudio comenzó cuando el laboratorio de Baldwin se preguntó si sería posible simplificar y expandir ese kit de herramientas para producir células neuronales directamente de las células de la piel.

Otra de las autoras de la investigación, Rachel Tsunemoto, tenía indicios de un estudio anterior de que podría ser posible generar tipos muy específicos de neuronas usando solo dos factores de transcripción a la vez.

Entonces, ella y otros miembros del laboratorio diseñaron y probaron un gran conjunto de códigos de dos factores para ver si podían convertir las células de la piel en células con los rasgos centrales esenciales de las neuronas, como su forma y excitabilidad.

Si bien esperaban encontrar un puñado de factores nuevos, o posiblemente ninguno, los resultados fueron bastante sorprendentes. De los casi 600 factores probados, más del 12 por ciento terminaron produciendo neuronas, lo que llevó a más de 70 nuevas recetas o códigos para la producción neuronal.

Luego vino una sorpresa aún mayor. Las ‘neuronas sintéticas’, como Baldwin las llama, comenzaron a desarrollar sinapsis y a tratar de comunicarse entre ellas. “Esto vino solo dos o tres semanas después de que fueran células de fibroblastos, que normalmente nunca se comunicarían”, ha señalado Baldwin.

“Esto fue realmente genial pero, obviamente, hubo mucho más trabajo de seguimiento para comprender esta emocionante complejidad neuronal con más detalle”, ha remarcado Tsunemoto.

Durante años, el desafío ha sido ver más allá de los rasgos que comparten las neuronas, como la capacidad de comunicarse usando conexiones llamadas sinapsis, y descubrir por qué ciertas neuronas tienen propiedades especiales, como la capacidad de producir dopamina o responder a drogas neuroactivas como la nicotina, que también se correlaciona con su participación en diferentes enfermedades.

Junto con Sohyon Lee, co-primer autor del estudio, Tsunemoto comenzó a ordenar los resultados de los diferentes códigos utilizando métodos tradicionales de grabación eléctrica y nuevos métodos de secuenciación sensible para ver si los códigos producían neuronas con diferentes características.

Así, descubrieron que cada código producía un conjunto de neuronas con diferentes propiedades, algunas de las cuales parecían útiles para comprender cómo las diferencias en nuestros genespueden predisponernos a la diversidad neurológica en trastornos como el autismo, la adicción a la nicotina o la neurodegeneración.

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