Las claves de la enigmática belleza de la Mezquita-Catedral de Córdoba
Mezquita Catedral.

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CBN. Nuestro monumento más universal ha sido objeto de un interesante análisis por parte del catedrático Emilio Tuñón en el Diario Expansión, en el que desbroza las claves de la enigmática belleza de la Mezquita-Catedral de Córdoba y que reproducimos íntegramente al considerarlo de interés para nuestros lectores

Emilio Tuñón, premio Nacional de Arquitectura subraya la belleza arquitectónica surgida de la convivencia de dos formas de entender el espacio: la del islam y la cristiana. Y explica por qué la Mezquita-Catedral  de Córdoba es un edificio único en su especie:

(…) La Mezquita-Catedral de Córdoba es una enigmática construcción cuya belleza ha seducido a todo el mundo que la ha habitado como usuario o visitante. Sin duda, su belleza está ligada a una oscilación permanente entre la sencillez de los elementos constructivos y la complejidad espacial derivada de la sucesión de ampliaciones y superposiciones que se han ido produciendo a lo largo de su dilatada historia.

Por encima de todas las transformaciones que ha sufrido el conjunto, se percibe la existencia de un hilo conductor en la historia del edificio que garantiza, en cierto modo, la integridad del monumento. Una integridad cuya razón de ser se debe buscar en el peculiar sistema de construcción del primer oratorio hispanomusulmán, erigido por Abderramán I, en el año 786, sobre los restos de la antigua basílica hispanorromana de San Vicente Mártir.

A Gabriel Ruiz Cabrero, arquitecto restaurador de la mezquita-catedral, le gustaba explicar cómo el alarife de Abderramán, probablemente de estirpe tardorromana, estableció un sistema dimensional y constructivo a partir de una retícula abstracta de columnas y capiteles reciclados, procedentes de edificios romanos y de primitivas iglesias visigodas, que fueron dispuestos entre dos planos horizontales abstractos, el del suelo y aquel que marcaba la ubicación del cimacio, para construir así un auténtico campo de columnas.

Un bosque de columnas que estaba trabado linealmente en su parte superior mediante la construcción, sobre los cimacios, de unos muros perforados orientados en la dirección norte-sur, formados por un sistema doble de arcos superpuestos, inspirados, tal vez, en el acueducto romano de los Milagros, en Mérida. Con este sistema constructivo y dimensional, el arquitecto de Abderramán edificó, en aquel momento, un recinto cubierto formado por 11 naves que discurrían de forma perpendicular al muro de la quibla.

Partiendo del establecimiento de un conjunto de reglas locales, los principios espaciales y constructivos quedaron tan claramente establecidos que las ampliaciones posteriores del edificio se basaron fundamentalmente en la voluntad de dar continuidad al sistema original.

Así se produjo la primera extensión, llevada a cabo por Abderramán II en el año 833, en la que se prolongó sus naves hacia el sur siguiendo las reglas patrón del primer oratorio.

También la segunda ampliación, realizada por Alhakén II hacia el año 961, en la que se transformó por completo las dimensiones, al duplicar el espacio longitudinalmente.

Y la última, la de Almanzor, que supuso una monumental extensión del sistema hacia el este, haciendo presente cómo el sistema abstracto, isótropo y desjerarquizado de la primera mezquita poseía gran capacidad de ampliación de sus límites.

Cuando la ciudad cayó en manos cristianas, a principios del siglo XIII, la mezquita volvió a ser objeto de nuevas intervenciones. Tras la utilización puntual de diferentes espacios, los conquistadores transformaron el elegante espacio cupulado, situado en la entrada a la mezquita de Alhakén II, para albergar la capilla de Villaviciosa. Y más adelante, ya a finales del siglo XV, se construyó la primera iglesia cristiana, que realmente modificó la estructura al intervenir sobre parte de la primera crujía de la ampliación de Alhakén II incorporando una nave, definida mediante un conjunto de arcos ojivales, y con el presbiterio en la capilla de Villaviciosa.

Un gran crucero

Continuando con las intervenciones ligadas a la liturgia cristiana, en 1523 Carlos I aprobó el proyecto para construir una nueva catedral superpuesta sobre la antigua mezquita, de acuerdo a las trazas de Hernán Ruiz el Viejo. El proyecto consistió en la inserción de un gran crucero en el interior con la voluntad de dar nuevo carácter al conjunto. Hernán Ruiz introdujo, con gran precisión, la nave de la nueva iglesia, orientada al este, en el lugar central de la planta, ocupando el ancho de cinco tramos de arcos. Posteriormente construyeron una serie de capillas y sacristías en el perímetro constituyendo una auténtica catedral a partir de la superposición de un conjunto de iglesias sobre el campo de columnas de la mezquita, que articulaba y daba continuidad al conjunto.

Es interesante constatar la intensidad espacial derivada de la convivencia de dos formas de entender el espacio: la del islam, abstracta y desjerarquizada, y la del cristianismo, figurativa y procesional.

A lo largo de diez siglos, en este lugar de Córdoba se llevó a cabo una incesante superposición de arquitecturas diferentes capaces de convivir naturalmente. Arquitecturas diferentes que se escribían unas sobre las otras, como en un complejo y ambiguo palimpsesto.

En esa complejidad, y en esa ambigüedad, es donde reside, a nuestro modo de ver, la enigmática belleza de la mezquita-catedral de Córdoba (…)

Emilio Tuñón Álvarez es catedrático de Proyectos Arquitectónicos de la Universidad Politécnica de Madrid, coautor (con Luis Mansilla) del MUSAC de León o el Museo de las Colecciones Reales de Madrid.

Fuente: Expansión

 

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