Cocina de cuaresma (I). Torrijas
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Los tiempos litúrgicos en la vida de los cristianos, son tan propicios para la conversión de su alma, como dulces son sus avenidos sabores. La cuaresma, una perfecta llamada para acercarse a Dios, los que creen en él, como los que no. Y como todo lo que bendice lo divino, deja en nuestros paladares también frutos de esta obra salvadora.

No podría hablarse de tanto amor celestial hacia sus hijos, sin que en esta época de ayuno, oración y limosna, no hubiese un dulce que nos recordarse lo sublime del amor de Dios para con todas sus criaturas.

Y así es como nace la noble Torrija, hija de un pan ya acusado por la maduración de su tiempo, y de un baño lácteo de aromas, que se alían perfectamente con las diferentes texturas de sus capas.

Lo cierto es que aunque llegue a nuestros días, estamos ante un dulce milenario. Ya en la época romana en el siglo I d.C. existían referencias a un dulce de características similares, en el cual se mencionaba el “torrere”, traducido del latín “tostar” en el cual se utilizaban unos elementos muy similares a los de la torrija actual. Toda esta información fue aportada en la época por el más famoso exponente de la gastronomía del imperio romano: Marcus Gauius Apicius.

El que llegase a nuestra actualidad esta exquisitez tan simple, es fruto del uso en el tiempo que se le ha venido dando. En la Edad Media, fue un remedio para que se repusieran las mujeres pos parturientas, su explicación es fácil:

– La torrija posee un aporte nutricional muy completo, en cuanto a vitaminas, proteínas  y carbohidratos, presentes en sus ingredientes, que raramente se conseguirían todos juntos en un mismo alimento que fuese de tan bajo coste de elaboración y facilidad de asimilación por nuestro organismo.

Después de entender su capacidad recuperadora en la maternidad, viene a mi memoria su actual uso,  por el cual hoy día es un alimento muy típico y casi en exclusividad del tiempo de Cuaresma.

Digo bien casi exclusivo, porque si es cierto que muchos restaurantes han versionado esta técnica para la elaboración de postres muy similares aunque con un toque especial que los distinga de la receta original.

Dependiendo de las zonas geográficas, y de los gustos de los maestros reposteros, las torrijas que podemos encontrar en el mercado guardan una misma esencia en su receta, pero diferentes en su finalización.

No podemos hablar de cuaresma y obviar una ciudad tan emblemática en estas fechas como Sevilla, de ahí su receta, en la cual se guarda la tradición de hacerlas en vino y miel, su torrija es mucho más húmeda que la tradicional, por ejemplo, cordobesa. No hay competición alguna en este aspecto, hay gustos, y sobre gustos ya se sabe.

Aquí os apunto la receta de las tradicionales torrijas sevillanas:

1 pan de molde pequeño especial torrijas. (20 unds.)

1/2 l. vino blanco.

3 cucharadas de azúcar.

1 cda canela molida.

4 huevos.

1/2 tarro de miel. (500gr)

Aceite de girasol y cáscara de naranja.

Su elaboración es simple:

Ponemos a fuego medio-lento  el vino, la canela y el azúcar, removemos hasta que la mezcla se haya diluido, y finalmente apartamos hasta conseguir una mezcla uniforme, que apartamos en un amplio recipiente.

El pan rebanado lo empapamos en el vino, lo dejamos sumergido durante 10 minutos y después, le damos la vuelta y lo dejamos 10 minutos más. Recomiendo no poner una cantidad muy excesiva de vino.

Calentamos a fuego medio-lento la miel, el agua y las 2 cucharadas de azúcar, removemos hasta conseguir una consistencia líquida. Retiramos del fuego y lo dejamos reposar hasta que enfríe.

Batimos los huevos en un plato. Dejamos escurrir las rebanadas de pan y las pasamos por el huevo hasta cubrirlas completamente.

Calentamos abundante aceite de oliva virgen extra en una sartén y, cuando esté a alta temperatura, freímos las torrijas en él, dorándolas primero por un lado, y dando la vuelta por el otro.

Colocar las torrijas en papel absorbente, para que eliminen el exceso de aceite, y pasarlas por la mezcla de miel y agua hasta que se empapen completamente. Repetir esta acción con todas las torrijas y depositarlas en el recipiente donde reservábamos la primera mezcla de vino, canela y azúcar. Terminamos nuestro plato con un toque de miel por encima.

 De la torrija cordobesa vamos a encontrar estos días una amplia variedad de exponentes en sus restaurantes y pastelerías. Como pasa en todos los recetarios son muchas las evoluciones y versiones que se pueden encontrar en Córdoba de este mismo dulce. Yo más amigo, en este caso, de degustar sabores que me traigan a la memoria momentos y tradiciones, os dejo la receta familiar:

 

Torrijas cordobesas. Mis favoritas.

En este caso la receta es aún más simple, y para mi gusto mejor, pero claro es cuestión de gustos.

Los ingredientes necesarios son:

1 litro de leche.

3 huevos.

1 Pan, una barra consistente, si es algo duro mejor

75 gr. de azúcar.

Piel de naranja y limón

½ rama de canela

1 cucharada de canela en polvo.

Aceite de oliva virgen extra para freír.

El procedimiento es sencillo:

Aromatizamos la leche con la canela y la piel de limón, y la ponemos a calentar a fuego lento, después esperaremos a que enfríe. Este paso podemos obviarlo y dejar solamente la leche en frío y sin aromatizar, este es un gusto personal mío.

Seguidamente, empapamos el pan previamente rebanado y lo dejamos reposar en la leche.

Una vez empapadas ambas partes, pasamos bien por huevo batido y directo a la sartén. Recordaros que la sartén debe estar con abundante aceite de oliva y a temperatura alta.

Una vez doradas las rebanadas, las dejamos reposar en papel absorbente, para eliminar el exceso de aceite.

Terminamos su presentación emborrando las rebanadas en una mezcla de azúcar y canela.

Y hasta aquí esta receta tan tradicional como deliciosa. Preludio del tiempo más importante para el cristiano, que endulzan de una vida, hasta el alma.

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