Los imprescindibles de Córdoba: Bodegas Campos

Alba Cardenas

Alba Cardenas

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Los imprescindibles de Córdoba: Bodegas CamposLa historia siempre se escribe en base a los hechos que perduran en la memoria de las gentes que viven en una sociedad. Hay una historia pasada y otra que por su relevancia llega hasta nuestros días y se hace presente. Esto último es lo que le ocurre al negocio que fundara la familia Campos. Una historia más que centenaria que ha forjado el paladar cordobés a base de buena cuchara.

Sobre el lugar donde se engasta este supremo restaurante podríamos escribir un libro. No ha habido ilustre, famoso, noble, o torero que no haya dejado su firma estampada en sus barricas centenarias. En ellas la tiza marcó la fehaciente presencia de quien busco entre sus patios llenar su buche para deleitarse con los manjares que la tierra y el mar ofrecen.

Si obviamos la historia para centrarnos en lo puramente gastronómico, vamos a poder disfrutar aún más de lo que estas bodegas con solera nos pueden ofrecer.

Hacía tiempo que no salía un plan de esos que los tortolitos humanos llamamos perfecto, y es que caminando por la judería de Córdoba que ya de por si da para una buena mañana se me ocurrió descolgar el teléfono para llamar a Bodegas Campos con el interés de comer en su cent rico restaurante:

-Buenas tardes, Bodegas Campos ¿Qué desean?

– ¿Qué deseo? ¡Comer en su casa! (entre risas)

En este caso tuve la suerte de encontrar mesa para mí y mis fidedignos acompañantes, que también sentían el rugido de león que todos llevamos dentro cuando pasamos la media mañana.

Así      que nos pusimos en camino y aprovechando el sol que a esa hora se deja ver por la ribera disfrutamos de un agradable paseo, que no tenía otro objetivo que el de terminar de hacer estomago antes de sentarnos en el restaurante.

Nada más llegar te embriagas de la esencia del lugar: sus patios, sus barricas, sus salones solariegos o de su sacristía repleta de albero.

Sentarse en este sitio ya es por si solo un disfrute mayúsculo, pues no os podéis imaginar lo que es comer.

Tras ser recibidos por un apreciado camarero, mi querido Julio, ocupamos un salón interior, decorado por botellas de fino estampadas de la casa y con fotos de muchos faranduleros y nobles que se dejaron en estos rincones sus almas sucumbidos por la dignidad culinaria que representan.

Mientras escuchábamos las sugerencias y lo presente en carta, nos llenamos la boca con buen vino, en este caso de Rioja. La comanda fue variada, un poco de mar, algo de montaña y mucho Valle de los Pedroches, en carnes es lo que predomina en la tierra.

De entrada, jamón ibérico de bellota del Valle de los Pedroches, en este caso de Hinojosa, mi orgullo de tierra y procedencia.

Seguidamente nos trajeron una ensaladilla de gambas y ventrisca de  atún que se deshacía en la boca,  no es fácil dar con el punto en este plato tan sencillo como complicado a su vez.

La mazamorra, exquisita, servida con tartar de atún, era una crema fina, suave con una textura tan sutil como sabrosa. En nuestra cocina colodra tiene un semejante con el que guarda cierto parecido, rim ram o base de ajo blanco, salvando las distancias, este último más rudimentario.

Unos tacos de bacalao terminaron con los entrantes. El bacalao es un pescado que en Córdoba y provincia generalmente se prepara de muchas formas, pero todas iguales de buenas. Seguramente fruto de la tradición ancestral, de esa falta de refrigeradores que solamente permitía consumir pescado en salazón para que se conservase.

El plato principal fue un arroz de rabo de toro, ¡Y qué arroz!

Por tradición valenciana en mi casa siempre hemos sido muy arroceros, los comemos en paella, al horno, caldosos, pero como este meloso de rabo de toro os puedo asegurar que no había probado ninguno.

EL arroz estaba en su punto, sabroso, tanto como lo es el rabo de toro, era fácil de llevárselo a la boca y muy ligero para ser un plato tan sustancioso. La carne del rabo de toro, pues que decir, si en Córdoba es una especialidad en Bodegas Campos es una cualidad, suave tierna, sabrosa y perfectamente conjugada con el cereal.

Después de este plato,  que sinceramente, merece un galardón o al menos convertirse en motivo de visita al restaurante, pensaba que no iba a encontrar hueco en el paladar para superarlo o al menos empatar tanto gusto y esta manera de disfrutar de un plato. Pues no es así la cosa, quedaban la parte de los postres.

Nunca me imaginé que un goloso como yo se fuera a sorprender a  estas alturas con dos postres: Unas Milhojas de crema y helado de frutos rojos, y un helado de naranja con AOVE.

Os podrían estar hablando varias jornadas de este broche final.

Milhojas. Tenían una fina capa de hojaldre crujiente, una crema suave de queso que impregnaba la boca de lado a lado. Sentías como crujía el hojaldre en boca a la vez  que el glas de cobertura secaba la lengua, que sensación tan extraordinaria, ¡viva el dulce!

Merece la pena pasar a deshoras y honrar ese dulce con un café. Los imprescindibles de Córdoba: Bodegas Campos

Helado de naranja. Así dicho suena hasta soso, vulgar o demasiado efímero, pero nada de eso, el helado tenía un sabor a naranja natural que cautivaba. Esa frescura a la vez que escarchada composición era rematada con un aceite de oliva virgen extra que congeniaba perfectamente, dulzor, acidez y toque amargo. Si pensara y un postre ligero, rico y con carácter, este sería el elegido.

Del servicio, ahora que leo, no he dicho ni pío. Atentos, educados, cordiales, serían adjetivos muy concurridos en estos casos. Fue más algo más cercano, cuestión de empatía a raudales. Cierto es que  conozco a Julio, nuestro camarero, desde hace muchos años. Se caracteriza por ser una persona noble y cercana, amante de la cocina desde siempre y en su nueva faceta de mesero, por ser servicial y atento. Enhorabuena, porque no solo vale la mesa sino quien te incita a disfrutar de ella.

Y esta ha sido mi experiencia, compartida en este caso, en uno de los imprescindibles de Córdoba: La bodega del soriano Don Domingo Campos, conocida hoy día como Bodegas campos.

 

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