El arroz al horno de mi Carmencita.

Alba Cardenas

Alba Cardenas

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Todos deberíamos sentir en la vida el amor que produce cuando una madre cocina para nosotros. Qué lindo pregón para los sentidos, qué intensidad más humana y deliciosa. Así es, esos amores que tanto ansiamos para nuestra vida, difícilmente se ven tal colmados como cuando una madre cocina a fuego lento para los suyos, esto necesitaría una constelación entera de estrellas del fabricante mas oriundo de neumáticos.

Siempre se dijo que sobre gustos no hay nada escrito, ¡ay amigo! Nunca supiste entender que madre solo hay una y que sus platos son únicos, aquí no existen gustos, existe mucho amor plasmado en un plato.

Cierra los ojos, respira lentamente , y cuando logres dejar tu mente en blanco, recuerda ese puchero humeante, ese olor a cocinado lento y pautado, pero sobre todo recuerda esa voz cariñosa que te pregunta qué quieres comer hoy. Esa voz huele a hierbabuena y albahaca, ajo refrito y cebolla pochada. Huele a vino de montilla en el guiso y suena al silbido de una olla express que silba las horas más desdentadas.

Cuantos recuerdos que algunos aún tenemos la suerte de seguir actualizando, si ya lo dice el refrán: como el amor de una madre no hay en el mundo “ná”.  Pues no va a ser menos lo que su amor cocine, recordad con hambre pero recordad con cariño, esos platos sustanciosos de quien puso en peso su vida para dar una nueva: la tuya, la mía la de cada uno.

Hoy hablo de “la Carmencita”, mi madre, es Valenciana a la vez que cordobesa. Una señora como siempre entregada a los demás. De la tierra de naranjos y azahares nos trajo su amplia tradición arrocera, de las tierras de Sierra Morena su afición por el guiso simple y delicioso.

Ella siempre ha tenido un don para la cocina, nunca ha sido de innumerables platos, pero los que domina no hay maestro que se los empate.

En mi familia, siempre hubo un plato presente: el arroz al horno.

Primero doramos unos ajos y seguidamente la carne: pollo y costilla de cerdo. Una vez dorada la carne añadimos un par de pimientos, uno rojo y otro verde.

Listo esta primera fritada le sumaremos un tomate grande pelado que aportará el jugo necesario para comenzar con la cocción, antes de que se consuma, no le vendrá mal una copa de fino de Montilla-Moriles . Listo el sofrito y la carne, podemos optar por dos opciones la tradicional y la contemporánea. Por la tradicional pondremos todo en una ruda cazuela de barro, y por la vía más rápida continuaremos con el guiso en una olla express. En ambos casos añadimos el sofrito con la carne,unas hebreas de azafrán, el concentrado de carne y el agua (la medida sera el doble de agua que de arroz, mas unos 250 ml más por la pérdida que se produce durante la cocción ).

Si hemos optado por la opción más pausada estaremos alrededor de 1 hora a fuego medio en la cazuela de barro, por la opción más rápida 15 minutos de olla express.

Cuando termine esta cocción tendremos un caldo consistente junto a la carne y el sofrito. Será entonces cuando pongamos todo en la cazuela de barro, añadimos el arroz (evitar arroces largos)  junto a unas morcillas de cebolla, y a fuego medio comenzaremos una cocción que continuará hasta que se comience a consumir todo el caldo.

Una vez esté casi consumido el caldo, meteremos la cazuela de barro en el horno, que previamente habremos precalentado a 180º y en el cual dejaremos hornear hasta que la superficie esté bien dorada. En este último paso es donde se forma el socarrat.

Se sirve desgranado, acompañados de costilla, pollo y morcilla, algunos en mi familia le añaden unas gotas de limón fresco, pero yo personalmente, no aconsejo tal enmascarado.

Su gusto es suave su aroma infinito, pero si hay algún bocado que resaltare es el del Socarrat. Esa película de cereal que queda pegada al barro donde se ha cocinado ¡qué delicia más grande! ¡qué premio más cotizado!

ARROZ AL HORNO DE LA CARMENCITA: 3 ajos, 1 pimiento rojo, 1 pimiento verde, 1 tomate grande, aceite, sal, arroz, azafrán, colorante alimenticio, concentrado de carne, pollo, costilla, morcilla de cebolla y vino Montilla-Moriles

Este plato como mejor se digiere es con un buen vino, en mi casa somos de tintos extremeños del Guadiana, un digno siempre Ribera del Duero, o cualquier blanco afrutado de la tierra.

“Totá” aquí lo importante como siempre digo es darle buena compañía a la mesa.

Por cierto en casa después del arroz lo mejor es la sobremesa, un fuego cruzado de trinchera, que cariñosamente termina siempre con un cucharon de risas, por que el arroz puede servirse en la mesa o en la cabeza.

Espero al menos, haberos abierto el apetito, disfrutad de la mesa, pero como siempre digo, disfrutad de la compañía ¡Hasta la semana que viene cocinillas!

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