Importancia de la comunicación en la relación Médico-Paciente

Alba Cardenas

Alba Cardenas

DiagonalCQ

Diagonal

Dobuss

Durante el puente del 12 de octubre de este año he asistido, gracias a la amable invitación de José Antonio Prados – Presidente del Comité Organizador -, al XXVIII Congreso Comunicación y Salud organizado en esta ocasión en Córdoba. José Antonio es Médico de Familia de ejercicio diario, e inabarcable y poliédrico como persona y formador. Tengo la fortuna de reconocerlo como formador mío desde los primeros años de la década de los 90. Ambos éramos ya jóvenes.

El congreso ha puesto a disposición de todo el que ha querido una muestra dinámica y participativa de las herramientas que se utilizan para la comunicación entre profesional sanitario y paciente. La disciplina no es nueva, pero si he percibido un desarrollo acelerado que obliga al que se entrega a ella a dejarse llevar por un aliento de explorador arriesgado.

En algún momento, si no está sucediendo ya, se empezarán a cuestionar los patrones de comunicación no sólo entre profesional y paciente, también entre medios de comunicación y población, y entre servicios sanitarios-asistenciales y población. En definitiva, esta puede ser la ocasión para crear un ambiente en la sociedad propicio a la salud, incluso antes de que esta se altere. Las poblaciones que tienen mejor percepción de salud también presentan a futuro menos y menores problemas de salud reales.

Una constante en muchas de las múltiples mesas y talleres que se han realizado es la invitación a la participación de los pacientes y agrupaciones de pacientes en el planteamiento para las estrategias de comunicación. He tenido la oportunidad de percibir este intercambio entre profesionales sanitarios y pacientes en una de las mesas temáticas a las que he asistido. La mesa, muy instructiva, ha estado moderada por el Dr. Luis Pérula, también formador mío allá por los 90. Me he alegrado mucho de incorporarme de nuevo a su aula.

Debo reconocer de antemano que mi valoración de lo expresado por los/las pacientes puede ser un visión o interpretación sesgadas, que quede claro. Las personas, a veces, sólo nos percibimos unas a otras en forma de retales distorsionados.

En el planteamiento tradicional de una consulta el o la paciente acude con una alteración o necesidad más o menos concretas, y el profesional sanitario después de escucharle y de una intervención exploratoria de mayor o menor complejidad técnica, da un diagnóstico y ofrece un repertorio de soluciones.

Si al planteamiento tradicional le añadimos una mala estrategia de comunicación, la percepción que obtienen los/las pacientes del profesional o de los servicios sanitarios, puede ser la de meros proveedores de recursos. El fallo en la comunicación puede establecer en el/la paciente un patrón de consumo en lugar de situarse en un entorno colaborativo. Este mero patrón de consumo puede ser muy difícil de satisfacer cuando no existe una relación óptima entre necesidad y producto.

Pienso que sólo una comunicación efectiva entre profesionales sanitarios y paciente, entre servicios médicos y población, va a ser capaz de ser útil a la mayoría más amplia posible de personas. En el momento de planificar vale la pena pensar que la ausencia de comunicación se puede convertir en un aumento de la demanda de recursos diagnósticos, terapéuticos y sociales. En definitiva, no asumir las necesidades en tiempo y recursos de una adecuada comunicación lleva a un aumento de los costes, y puede salir muy caro.

Aunque también disfruto de la titulación como médico de familia, mi formación más amplia y actividad profesional son las de cirujano plástico. Y no les voy a negar, que en el congreso he evitado de forma intencionada mencionar, en lo posible, mi condición como tal.

Entre los profesionales que han asistido al congreso la norma es ser personas de mentalidad abierta y con excelente formación; pero el riesgo de ser evaluado con el estereotipo de cirujano plástico, y los valoraciones y adjetivos que ello asocia, me ocasionan, y se nota, un motivador malestar.

Quizá estaría bien enseñar, facilitar, y por qué no, exigir, el entrenamiento en comunicación a todos los profesionales. Establecer un diálogo de calidad dentro del mismo sistema sanitario en beneficio de población y pacientes.

Y en definitiva derrumbar los estereotipos.

 

Compartir