Interdependencia
Convenio.

Adentity

Dobuss

Bebrand

Interdependencia.
Interdependencia.
José Gómez Barbadillo. Vivimos en una realidad interdependiente. Cuando me levanto por las mañanas doy un beso a mi mujer y a mi hija. Salgo a trabajar. Dejo el coche en el aparcamiento y saludo al vigilante deteniéndome a veces a charlar con él. Paso por delante de la vendedora de la ONCE y la saludo sonriendo porque me resulta graciosa esa cancioncilla con la que anima a acercarse a posibles compradores. Nos miramos a los ojos, sonreímos mutuamente y sigo mi camino. Saludo a compañeros, pacientes, familiares… Tomo decisiones sobre la salud y el tratamiento de los pacientes a mi cargo para las cuales dependo de otros profesionales. Espero a mi mujer para comer y compartimos los problemas comunes. Salgo a hacer alguna compra y me dejo llevar por la experiencia del vendedor. Charlo con amigos a los que expongo situaciones personales o escucho y aconsejo. Me enriquezco del contacto con determinadas personas que aportan crecimiento a mi vida. En fin, casi nada de lo que hago durante el día implica soledad y autosuficiencia.

¿Qué significa la interdependencia? La interdependencia no es dependencia ni tampoco es independencia. Es reconocer que somos independientes pero que en la relación con los demás podemos superar nuestras capacidades y nuestros logros, alcanzando los mejores resultados posibles. De esta manera, las relaciones interpersonales se convierten en una de las herramientas más potentes para desarrollarnos y alcanzar nuestros objetivos. Es en la experiencia del compañero que me ayuda en una intervención quirúrgica donde alcanzo mi mejor desempeño. Es en el consejo que me da un buen amigo donde tomo las mejores decisiones. Es en el afecto sincero que me muestra mi familia cada día donde encuentro la versión más elevada de mi mismo.

Daniel Goleman, en “La Práctica de la Inteligencia Emocional” describe la capacidad de establecer redes efectivas de conocimiento, confianza y competencia como una de las características que diferencian a los trabajadores brillantes del resto de trabajadores. Las personas que tienen desarrollada esta capacidad, reconocen, ante la presentación de cualquier reto, a los individuos clave que le pueden ayudar o dar respuesta a las necesidades planteadas. Hace diez años participé en la creación de un grupo andaluz de cirujanos interesados en la coloproctología. En este momento, me siento contento, satisfecho y seguro de haber establecido una buena red de alianzas. Así, hoy conozco quien trabaja en esta área en cada hospital de Andalucía. Y más aún, entre todos hemos sido capaces de fomentar una relación enriquecedora y constructiva y se que puedo recurrir a las personas que en algún momento de mi vida profesional me pueden ayudar en algún aspecto del que yo tenga una carencia. Eso es interdependencia.

Stephen Covey en su libro “Los siete hábitos de las personas altamente efectivas” explica que la clave para establecer relaciones interpersonales efectivas reside en lo que él denomina la cuenta bancaria emocional. De la misma forma que mantener una cuenta bancaria con saldo implica realizar ingresos periódicos y ser conscientes de los reintegros que realizamos, cultivar una relación interpersonal efectiva exige mantener permanentemente un saldo suficiente, una reserva emocional, en la cuenta bancaria que abrimos cuando comenzamos a cultivar la relación con otra persona. Las pequeñas asperezas, las faltas de respeto, el rechazo, la comparación, el juicio; los compromisos rotos, las expectativas poco claras, la duplicidad, la deslealtad con las personas que no están presentes o la disculpa continua poco sincera suponen reintegros con cargo a la cuenta bancaria emocional que mantenemos con otra persona. Por el contrario, hacemos un depósito a favor nuestro cuando nos esforzamos en comprender a otras personas, prestamos atención a las pequeñas cosas, mantenemos nuestros compromisos, somos claros con las expectativas que tenemos respecto a otros, somos íntegros y disculpándonos sinceramente al realizar un reintegro.

Comprender a otra persona no implica tener que estar de acuerdo con ella. Significa que tengo una actitud de escucha activa, intentando conocer desde que lugar y bajo que marco toma sus decisiones. Implica escuchar con respeto sin interrumpir y sin querer imponer mi manera de ver el mundo. Cuando hablo con un paciente que expresa una queja, que se encuentra enfadado, no tengo porque responder de forma airada, a la defensiva. En estas situaciones trato de escuchar, entender lo que me está diciendo, asumir la situación concreta desde la cual me está hablando y asegurarle que le estoy escuchando. Esto no significa que tenga que estar de acuerdo con lo que recibo y si es el caso cuando me corresponde hablar trato de hacerle entender por qué no puedo estar de acuerdo con él. Pero me suelo sentir satisfecho si pese a mostrar mi desacuerdo entiendo que le ha quedado claro que lo he escuchado con atención y que siento el máximo respeto por él como persona.

Existen dos tipos de personas en relación al tipo de comprensión que nos prestan. Por un lado están los cómplices. Los cómplices son aquellas personas que te lamen las heridas. Aquellas personas que te tratan desde lo que eres. Si te comportas como víctima te tratarán como víctima. Son aquellos que te dicen “pobre… no te preocupes. Has hecho lo correcto. Es cierto que la vida se porta mal contigo. Aquí estoy yo para escucharte”. Frente a los cómplices, existe otro tipo de personas que son los aliados. Los aliados son las personas que te tratan desde lo que tú quieres llegar a ser. Desde tus objetivos y tus sueños. Son aquellos que te dicen “es posible que te hayas equivocado pero si quieres crecer debes levantarte y seguir intentándolo. Aquí me tienes para lo que necesites pero eres tú quien tiene que asumir la responsabilidad de tus actos”. Establecer una alianza significa que nos ayudamos mutuamente a conseguir nuestros sueños. No nos conformamos con curarnos las heridas sino que nos espoleamos para avanzar y aproximarnos cada vez más a nuestras metas. Procurar comprender a la otra persona implica precisamente eso. La pregunta por tanto que tengo que hacerme es ¿de qué personas quiero rodearme, de cómplices o de aliados? Pero sobre todo… ¿cómo trato de comprender a las personas? ¿desde una alianza para conseguir llegar a donde queremos llegar o desde una complicidad con lo que somos que no nos permite avanzar y nos mantiene siempre en el mismo sitio?

Prestar atención a las pequeñas cosas implica desarrollar la capacidad de observación y tener un elevado nivel de conciencia del momento presente. Cuando estamos habituados a tener una palabra amable, con frecuencia ésta llegará a otra persona en un momento en que la necesita. Hoy día las tecnología nos lo ha puesto fácil. Un mensaje de WhatsApp deseando buenos días, una llamada preguntando por como ha resultado un día difícil, una frase inspiradora en Twitter o un pensamiento enriquecedor en Facebook pueden lograr un efecto inimaginable de manera que aumenten nuestro saldo bancario emocional. En esto es excepcional mi amigo Ángel. Desde hace muchos, muchos meses Ángel nos saluda todas las mañanas y nos despide todas las noches con un audio motivador de propia creación que envía a través de WhatsApp. Es un pequeño gran detalle saber que Ángel se acuerda todos los días de mí. Que soy importante para él. De esta forma, cada día, engrandece más el saldo de la cuenta bancaria emocional que mantiene conmigo.

Hace ya algún tiempo que he decidido sonreír a la gente con la que me relaciono. Y hacerlo así ha rendido frutos impresionantes. Con el tiempo empiezas a notar que la gente también te sonríe. Un día descubres que la gente te trata de una forma diferente. Más adelante aprecias que personas con las que apenas has intercambiado un par de palabras se dirigen a ti con afecto y confianza. Prestar atención a las pequeñas cosas, mantener una mirada afectuosa, tratar de tener una palabra agradable con alguien que tiene un mal día, una sonrisa, supone en definitiva hacer ingresos en nuestra cuenta bancaria emocional. Porque sonreír o dedicar una palabra amable a alguien que se siente ese día triste, desgraciado, solo,… puede ser, sin saberlo, la tabla a la que esa persona se agarre para mantenerse a flote y no hundirse definitivamente. Y tener la posibilidad de salvar a alguien en un momento dado aumenta extraordinariamente el saldo de nuestra cuenta. Aún cuando la mayoría de las veces no seamos conscientes de ello.

Mantener los compromisos es esencial para generar confianza. Esto es lo que hace Ángel. A pesar del cansancio que supone hacer todos los días lo mismo, mantiene inalterable su compromiso con el envío de los audios motivadores. Nada vacía más rápidamente el saldo de una cuenta emocional que no responder a las expectativas que hemos generado. Desde hace algún tiempo me gusta decirle a los pacientes que tengo que operar algo así: “la intervención tiene riesgos. No puedo garantizarle que no vaya a haber complicaciones. Lo que sí puedo garantizarle es que si es el caso, yo voy a estar a su lado. Que si hay que luchar nos ponemos el casco y nos vamos a la batalla. A vencer a la complicación”. Porque la expectativa más grande que tiene un paciente es no sentirse abandonado. Y no deja de sonar en mi mente un principio de un maestro que escuche una vez… “la responsabilidad de haber causado eventualmente un daño a quien puso su confianza en ti es intransferible”. Está en nuestra mano aceptar o no un compromiso. Pero una vez aceptado es necesario mantenerlo.

La integridad personal consiste en tratar a todas las personas según el mismo conjunto de principios. Es posible tratar de comprender, prestar atención a las pequeñas cosas, mantener las promesas, y aclarar las expectativas sin que por ello se constituyan reservas de confianza si las personas con las que me relaciono perciben que actúo de forma poco íntegra. Y atento contra la integridad personal de dos maneras. La primera faltando a la verdad. La segunda manifestando deslealtad. Así que uno de los modos más importantes de poner de manifiesto la integridad es evitar toda comunicación engañosa, desleal o que no respeta la dignidad de las personas. La otra forma es ser leales con quienes están ausentes. Haciéndolo así construimos la confianza de los que están presentes. Este principio ha cambiado mi vida. No es una utopía. Cuando en un grupo de gente se comienza a hablar mal de alguien, ahora se que tengo la opción de abstenerme de participar e incluso de expresar que no debería hablarse mal de quien no puede participar. Es una opción que tengo y a la que acudo con cierta frecuencia para recordarme que la libertad última radica en mi capacidad de elegir la respuesta que quiero dar sobre la base de los valores y principios que yo libremente he elegido.

Finalmente, cuando a pesar de todo he tenido una aspereza, cuando he realizado un juicio, cuando no he sido capaz de mantener un compromiso,… no pasa nada. No soy perfecto. Siempre tengo la posibilidad de disculparme. La disculpa sincera genera un efecto rebote, un mayor saldo en mi cuenta siempre que se cumpla una condición… ser sincero. Disculparme continuamente por las mismas cosas sin mostrar un auténtico deseo de cambiar los errores, cayendo en lo mismo una y otra vez, genera falta de credibilidad y una merma en mi saldo. Una vez comprobé esto de primera mano. Una de las mejores relaciones profesionales y personales que he tenido se construyó precisamente sobre una disculpa.

Ocupaba yo el puesto de Director Médico en el hospital de Andújar y cometí un error con una persona que por otro lado mostraba un enorme compromiso conmigo. Inicialmente no me dijo nada pero al cabo de una hora se atrevió a expresar con toda la humildad del mundo las razones por las que creía que yo estaba equivocado. Cuando puse en la balanza el compromiso que esta persona había mostrado en todo momento conmigo, comprendí que había hecho una aplicación mezquina de las normas en las que había basado mi decisión. Lo reconocí, me disculpé sinceramente y enmendé el error. Conseguí ganar una colaboradora increíble y una amiga aún mejor. En aquel momento desconocía la idea de Covey de una cuenta bancaria emocional, pero ahora reconozco que convertí un reintegro en uno de los mayores depósitos que había hecho en mi vida.

Theodore Roosevelt, el que fuera vigesimosexto presidente de los Estados Unidos de América dijo una vez “El ingrediente más importante en la fórmula del éxito es saber llevarse bien con las personas.” La interdependencia supone que siendo independientes, podemos beneficiarnos de lo que los demás nos pueden aportar para crecer, avanzar y conseguir nuestros objetivos en la vida. Pero este enriquecimiento que conseguimos de la relación con los demás es bidireccional y también enriquecemos la vida de otras personas.

La idea de la cuenta bancaria emocional me resulta apasionante. La imagen es muy reveladora. De la misma forma que el saldo deposito/reintegro positivo aporta tranquilidad a mi vida diaria porque me garantiza que algo estoy haciendo bien, en las relaciones interpersonales me ocurre igual. Cuando los depósitos superan a los reintegros siento la conciencia tranquila, una satisfacción duradera y la sensación íntima de estar contribuyendo a crear un mundo mejor a mi alrededor. En el fondo, son las relaciones con las personas lo que da valor a la vida.

Como dijo el poeta y místico hindú Rabindranath Tagore “Dormí y soñé que la vida era alegría; desperté y vi que la vida era servicio. Actué y contemplé, que el servicio es alegría.

Compartir