El poder de la humanidad
Mundo.

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Todos unidos podemos mejorar nuestro planeta.

Jesús Martínez Alcántara. Hoy, mientras tomaba el desayuno mirando a través de la ventana, he visto una abeja dando vueltas bajo la luz del sol. Nos estamos quedando sin abejas en España, según dicen, por culpa de la contaminación, de los pesticidas y de todo lo que usamos para eliminar cualquier cosa que nos moleste. Incluidas, a veces, otras personas. En días como hoy no puedo dejar de pensar en el increíble poder que tenemos para destruir, en lo fácil que nos resulta cambiar todo a nuestro alrededor para obtener lo que queremos. Pero también para construir, para mejorar nuestro entorno, para crear algo mejor.

Somos una especie fascinante: capaz de las crueldades más deleznables y también de los más hermosos actos. Imaginad que sólo nos centrásemos en construir un mundo mejor, en crear una sociedad más igualitaria, en proteger lo que esa parte destructiva de nuestra especie está logrando eliminar, en cuidar nuestro planeta, que es nuestro porque vivimos en él, no porque seamos sus dueños.

Nuestros abuelos recuerdan una niñez donde los ríos aún eran claros, donde animales que muchos de nosotros sólo hemos visto en la televisión, antes poblaban esos mismos valles y sierras que nos ven crecer. Imaginad lo mucho que podríamos mejorar el futuro de nuestros hijos si decidiésemos tratar a la tierra con respeto otra vez, como hace siglos en algunas culturas. Tenemos una increíble capacidad para transformarlo todo, todo… ésta es una palabra enorme y a la vez tan al alcance de una gran mano colectiva, de una sociedad que trabaja unida para conseguirla… Imaginad que somos nosotros los que un día contamos a nuestros nietos que cuando éramos niños, los arroyos eran grises, que no había variedad de animales en los campos que nos rodean, que el mundo estaba mustio, aquejado de un dolor crónico que acabaría provocándole la muerte, y que nosotros mismos conseguimos curarlo, que conseguimos que los animales y las plantas volvieran, que logramos limpiar los ríos y la tierra, que hicimos de nuestra vida una lucha para que en la suya tuviesen el mejor regalo posible: un mundo solidario, limpio y unido que trabajó duro para que ellos tuviesen la mejor de las vidas posibles, para que no olvidasen que somos capaces de lo mejor y de lo peor y que, al final, siempre merece la pena inclinarse hacia lo correcto, hacia nuestro lado bueno. Les ensenaríamos el resultado de una lucha como esa, les ensenaríamos a hacerla suya, les ensenaríamos a disfrutar de cuanto les rodea, de cuanto conseguimos trabajando juntos… y serían la generación más feliz que jamás vio este continente.

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