Ser amable
Ser amable.

Adentity

Dobuss

Bebrand

José Gómez Barbadillo. “Nadie es tan pobre que no pueda regalar una sonrisa”. (“Sonrisa”, poema anónimo)

                          “Con una sonrisa puedo comprar todas esas cosas que no se venden”. (“Con una sonrisa”, José Luís Perales)

 

Ser amable.
Ser amable.

Me encanta pasear en las tardes de los fines de semana. Me preparo con ropa y calzado adecuado; cojo mi cuaderno, mi bolígrafo y mis auriculares y emprendo la marcha. Con el único objetivo de empezar a andar y no saber donde ni cuando voy a acabar. Ocasionalmente mi mente se evade y empieza a recorrer pensamientos obsesivos en torno a cuestiones pendientes. Pero cuando me doy cuenta de ese rumbo errático, pongo de nuevo la atención en los pasos que doy o en la música que escucho, me sonrío con compasión y retorno a la conciencia del momento presente. Es en ese momento cuando me siento uno con todo lo que me rodea. Y entonces siento una plenitud en mi vida que me lleva a ser amable con todo lo que me encuentro a mi alrededor. A sonreír al anciano que se cruza en mi camino, a bendecir a la pareja que pasa a mi lado o a acariciar a un perro que camina sujeto a su amo a través de una correa. En ciertos momentos me quedo mirando al cielo y me siento agradecido y conmovido por la bondad de todo lo que existe.

Albert Einstein, una de las mentes más claras que ha alumbrado la humanidad dijo en una ocasión que cada persona en el universo debe tomar la decisión más importante de su vida cuando se pregunta si vive en un universo amigable o en un universo hostil. Me gusta la palabra amigable. Ser amigable significa ser digno de ser considerado amigo. Pero aun hay otra palabra que me gusta más. Es la palabra amable. Ser amable implica ser digno de ser amado. Una persona amable es una persona que puede ser amada. Por eso me gusta ser amable conmigo mismo, ser amable con las personas que forman parte de mi día a día y ser amable con la creación en su conjunto.

Frente a los que piensan que el mundo no reúne las condiciones para ser considerado un lugar amable, o más aún, que no existen motivos para mantener una actitud amable con la vida, me gustaría compartir la experiencia vital de Victor Frankl.

Viktor Frankl.
Viktor Frankl.

Viktor Frankl era un médico austriaco, judío, de cierto prestigio en la sociedad vienesa a través de sus trabajos sobre psiquiatría, en la época en que Austria fue anexionada al III Reich. La deriva criminal del nazismo lo condujo a un campo de concentración. En su obra “El Hombre en Busca de Sentido” Frankl relata la experiencia propia y de otros prisioneros del campo de concentración de Auswitch y los mecanismos que hicieron posible que algunos prisioneros sobrevivieran a la guerra mientras que otros sucumbieran e incluso buscaran voluntariamente la muerte para escapar del horror de aquella experiencia. Cuenta Victor Frankl, que al ingresar en el campo de concentración, cuando se vio desnudo delante de los carceleros nazis, comprendió que habiéndole quitado todo, sólo le quedaba una cosa y que esa no se lo podían quitar. A esa última y preciada posesión le llamó la libertad última: la libertad de elegir la respuesta ante la agresión. Y a través de la imaginación, del recuerdo de los seres queridos, de la esperanza de un futuro mejor o de la experiencia de comunión con la naturaleza, provocaba la confusión de los responsables del campo de concentración que no entendían de donde podía Frankl sacar la fortaleza.

La libertad de elegir la respuesta ante las circunstancias que nos presenta la vida define un tipo de paradigma acerca de la comprensión del mundo. El paradigma de la responsabilidad. El paradigma de las personas proactivas. El paradigma de las personas que no dicen “no puedo” sino que dicen “quiero”. Etimológicamente la palabra responsabilidad significa “habilidad para responder”, lo que coincide plenamente con la libertad última de Victor Frankl: la libertad de elegir la respuesta adecuada. Podemos decir entonces que Victor Frankl fue una persona “responsable”.

Frente al paradigma de la responsabilidad, el otro gran paradigma acerca de la comprensión del mundo es el paradigma del victimismo. Desde la postura de la víctima, la responsabilidad de lo que le ocurre está fuera de él. Es el mundo exterior, hostil y amenazador, el responsable de su situación. Y frente a ello solamente se puede responder de forma defensiva. Las personas impregnadas de esta visión del mundo no eligen la respuesta sino que reaccionan de forma automática sobre la base de creencias irracionales. Responsabilidad frente a victimismo, proacción frente a reacción, convicción de que yo puedo crear mi vida frente a impotencia e imposibilidad de cambiar nada…

La persona victima ve el mundo como un entorno hostil y reacciona frente a todo lo que le ocurre. La persona responsable ve el mundo como un sitio amable y elije sus respuestas tratando siempre de devolver la amabilidad que recibe. Personalmente he decidido ser amable con el mundo. Elijo tener una sonrisa y una palabra agradable con las personas con las que me cruzo a lo largo del día. Los pacientes que trato y sus familias, la gente que forma la enorme plantilla del hospital y que influyen en mi trabajo a la vez que yo influyo en la suya, la persona despistada que me pregunta donde se hace determinada prueba, el taxista que me lleva a algún sitio cuando voy con prisa, el abuelo que me cruzo en la calle y que saca su sabiduría para ilustrarme, el peluquero que me pela,…

Enhamed Enhamed. / Foto: Youtube/ Cuatro.
Enhamed Enhamed. / Foto: Youtube/ Cuatro.

Enhamed Enhamed es un deportista de élite. Nadador del Club Natación Metropole, es considerado por muchos el mejor nadador paralímpico de la historia, tras haber conseguido el mejor resultado de un nadador en unas paralimpiadas con la consecución de 4 medallas de oro en los Juegos Paralímpicos de Pekín 2008, hito que le supuso ser considerado el “Michael Phelps español”. Enhamed es ciego. Perdió la vista de forma súbita a los ocho años. Sin embargo el prefiere decir que “gano la ceguera”. Enhamed Enhamed descubrió a los 21 años que es necesario cambiar las preguntas que nos hacemos a nosotros mismos porque si hubiera seguido preguntándose por qué perdió la vista no hubiera podido disfrutar de todas las cosas que la vida le ha dado desde su nuevo estado de invidente. Confiesa que a estas alturas no cambiaría todas las medallas que ha ganado por recuperar la vista ya que su vida ha sido muy enriquecedora gracias a las oportunidades que le ha dado la ceguera. En la actualidad, además de trazarse nuevos retos deportivos, desarrolla su labor profesional como coach, impartiendo conferencias a ejecutivos de empresas, colectivos de trabajadores y estudiantes, transmitiendo una serie de conocimientos que ayuden a la superación y motivación personal. A sus 28 años, y con sus circunstancias a cuestas, Enhamed ha decidido ser amable con la vida y sonreir al mundo. Y ayudar a los demás a sonreir a pesar de sus circunstancias. Desde luego ha alejado de su vida la tentación de responder desde el paradigma de la víctima. Este ejemplo,  como el de Victor Frankl nos enseñan que a pesar de lo que nos ocurre en la vida uno siempre puede elegir la respuesta. Y que desde la responsabilidad, podemos sacarle el máximo partido a nuestras vidas a pesar de las condiciones más adversas.

Pero al final de todo, la persona más importante con la que tengo que ser amable es conmigo mismo. La persona con la que voy a estar siempre. La persona que nunca me va a dejar. La persona con la que comparto 24 horas al día 365 días al año. Yo. Y reconozco que con frecuencia soy un tirano conmigo. Me enfado cuando cometo un error. Me digo que no sirvo cuando quiero emprender una tarea y encuentro dificultades. Soy duro y castigador como no lo sería con nadie ajeno a mí que se encontrara en una situación idéntica. Por lo tanto, el mayor de los retos es observarme, comprenderme y aceptarme como soy. Y cuando lo hago, una sonrisa brota de mi interior de manera espontánea e ilumina mi rostro. Es en esos momentos cuando me siento completamente en paz conmigo mismo. Por eso me gusta pasear. Porque son los momentos en los que me encuentro. Y eso me hace sentir tal gratitud hacia todo, que sonrío hacia fuera pero pongo mi mejor  sonrisa para mí.

Estudios científicos parecen demostrar que necesitamos hasta diecisiete músculos para sonreír, pero este número se eleva hasta cuarenta y tres si lo que hacemos es fruncir el ceño. Sabiendo esto, parece que vale más la pena sonreír, aunque solo sea por ahorrar trabajo a nuestro sistema muscular. En el fondo es una cuestión de eficiencia energética. Así que, ¿por qué no sonreir más?

Sonrisa.
Sonrisa.

Proactividad Vs reactividad. La clave es desde donde respondemos a las circunstancias externas que sacuden nuestra vida. ¿Permitir que nuestra conducta sea un reflejo automático de los programas que están instalados en nuestra mente o por el contrario basar nuestra conducta en las decisiones que tomamos desde nuestra libertad interior, desde los principios y valores que hemos establecido como nuestros? Para mí la respuesta está clara. Elijo desde los principios y valores que yo he elegido. Y sonrío.

¿Vivo en un universo hostil o en un universo amable? Esa es la pregunta que cada uno tiene que responder. Personalmente desde que he descubierto que el mundo es un sitio amable, camino por la vida como cuando salgo a pasear por las tardes… ilusionado. Y entonces la vida se convierte en una aventura apasionante.

Compartir