Miguel Ángel Alba, un cordobés en Grenoble

Este recién graduado en Estudios Franceses afirma que los meses que lleva viviendo en Francia son los más bonitos de su vida.

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Miguel Ángel es un enamorado de la cultura francesa, la cultura de su nueva ciudad le ha absorbido por completo.

María Morales. Un año de Erasmus en Rennes fue suficiente para que Miguel Ángel Alba se quedará enamorado de Francia. Este lucentino terminó sus estudios de grado en Estudios Franceses en la Universidad de Granada y acto seguido pidió una beca como “asistente de lenguas”. Junto a una amiga se mudó a Grenoble, una ciudad del sureste de Francia, donde da clases de español a niños franceses. La cultura francesa le ha absorbido por completo, por ello pasas su tiempo libre entre eventos culturales en su nueva ciudad y viajes a pueblos cercanos, para seguir empapándose de todo lo que le ofrece Francia. De Córdoba echa de menos los pequeños detalles: los gritos de la gente por la calle, el cercanía de las personas, la comida de su madre

¿De dónde surgió la idea de irte a trabajar fuera?

Tras finalizar mi erasmus, debía cursar el último año pero con muy pocas asignaturas. Me empecé a plantear qué hacer después: un master en el extranjero, en España, seguir en Granada, un año sabático… Finalmente una amiga me motivó para pedir una beca como “asistente de lenguas” y fue un gran acierto acertados para mi. Al principio, fue difícil, pero finalmente me llene de ilusión por trabajar en un instituto o un colegio, dando español a franceses.

¿Por qué elegiste este destino?

Mi amiga y yo decidimos emprender esta aventura juntos, ambos estudiamos en la misma clase, nos conocíamos de hace unos años y queríamos rememorar viejos tiempos de nuestro Erasmus en Rennes. Al principio pensábamos en islas como Guadeloupe o Réunion, pero había mucho papeleo y poco tiempo para hacerlo. De primera opción pusimos Montpellier, de segunda opción, Grenoble, y ya de tercera opción y -realmente sin ganas- pusimos Nancy-Metz. Finalmente, nos tocó Grenoble, nuestra segunda opción. Aquí hemos encontrado montaña, frío, nieve, gente adorable, comida, tradición, cultura… Todo eso y mucho más es lo que me llena ahora y me hace sentirme orgulloso de haber elegido esta ciudad.

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Su Erasmus en Rennes fue una experiencia que siempre recordará.

¿Cuánto tiempo llevas fuera y cuánto piensas quedarte?

Este trabajo tiene una duración de 7 meses. Empecé el 1 de octubre a trabajar y termino el último día de abril. Sinceramente, lo que venga después no lo tengo pensado aún, depende de lo que me diga el destino. Quizá pueda quedarme un poco más, aprovechar para viajar y conocer más la región.

¿Te fue difícil encontrar vivienda?

Digamos que fue el peor trago de mi vida. Empecé a buscar vivienda desde junio. Me fue imposible conseguir una plaza en una residencia a lo largo de todo el verano y por mucho que llamara y me pusiera en contacto con propietarios de pisos también me fue imposible concretar algo. Mi amiga y yo nos cogimos un vuelo unos días antes y nos fuimos a buscar piso, fueron los peores tres días de mi vida. Buscábamos de todas las formas posibles y sin resultado. Por casualidad, mi amiga vio un anuncio de una casa, había una familia viviendo, pero el primer piso era totalmente propio y amueblado, lo único compartido sería la cocina. Ahora puedo decir que una gran decisión, la familia es adorable, tenemos muchísima intimidad, conversaciones interesantes, cultura francesa desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Estamos muy a gusto, el mal trago mereció la pena.

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Aquí hay mil cosas que hacer: mercados benéficos, rebajas en las tiendas, rastrillos, algún tipo de festival callejero, etc. En Navidad, por ejemplo, voy al “Marché de Noël” -un mercado de cosas navideñas para comer, beber, comprar joyas artesanales y mil cosas más-. Cuando no hay nada señalado, suelo hacer cosas como viajar a pueblos cercanos o conocer gente nueva. Me gusta mucho pasear, me puedo tirar horas paseando y no acordarme de nada. Es una región llena de cosas que hacer si eres aficionado al deporte de nieve, a mí no me llama la atención, pero este año tengo que probarlo por lo menos.

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De Francia destaca sus paisajes, “el verde es verde siempre”.

¿Qué es lo que más te gusta del país en el que estás viviendo actualmente?

Lo que más me gusta de Francia es su cultura. Vayas donde vayas y hagas lo que hagas siempre va a ser algo diferente. Hay tanto que hacer, tantos museos que visitar, tantos pueblos con encanto que ver y disfrutar. La cultura francesa se respira a cada momento. Me encantan sus costumbres y su comida, soy vegetariano por lo que realmente no puedo degustar mucha variedad de comida francesa, pero eso es lo de menos, con solo ver la cantidad de quesos que hay, yo soy feliz. Además me gustan muchísimo los paisajes de Francia, el verde es verde siempre, no como en el sur que nuestro verde es “olivo” que me encanta también, pero es diferente.

¿Cómo te ha tratado la gente en el lugar dónde vives?

Hay de todo, los franceses son muy serios, muy poco cercanos y, en ocasiones, un poco desagradables. Pero no vamos a generalizar, viviendo donde vivo ya me siento acogido al 100%. Mi familia es una familia ideal, me ayudan en todo lo que necesito y cuando lo necesito, me llevan de excursión para conocer sitios bonitos de alrededor, me ayudan cuando enfermo como si fuera uno más. ¡Son un amor! Por otra parte, los franceses que he conocido se portan genial conmigo también, aprovechan el hecho de que soy extranjero para que aprendamos mutuamente y eso es algo maravilloso. No puedo quejarme de la gente de esta región. Hay gente muy borde y que por un leve error de pronunciación ya te corrigen de malas formas pero bueno, los clichés son clichés, la realidad no siempre es así.

Las expectativas que tenías al llegar al país donde estás, ¿las has superado o se han quedado en un intento?

Siempre que he viajado a Francia, sea para lo que sea, para estudiar o por placer. Cada viaje es mejor de lo que me esperaba. No puedo decir que es un intento, para nada. Aunque he pasado por momentos personales difíciles, estos son los tres meses más bonitos que he pasado nunca. Estoy enamorado de la ciudad, de la gente, de la vida. Todo se supera día a día y aún me queda muchísimo camino por delante, con lo que llegará a puntos indeterminados y maravillosos, sin duda alguna.

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De Córdoba echa de menos las tapas, la cercanía de las personas, las pequeñas cosas en definitiva.

¿Encuentras un fuerte choque de cultura entre el país dónde vives actualmente y Córdoba?

Evidentemente hay un choque muy importante entre Francia y España, ya que la cultura es totalmente diferente. Los horarios son distintos, aquí se vive más temprano y en España se vive más tarde. Las personas aquí son más frías, más cerradas y más introvertidas mientras que en España es al contrario. La cultura francesa es muy rica, la gente colabora más en los asuntos culturales que en España, Aquí se lleva mucho la alimentación bio, por ejemplo, no sé, hay mil cosas con respecto a la cultura que varían. Me encanta la cantidad de arte que hay y la de cosas interesantes que puedes hacer.

¿Qué es lo que más echas de menos de Córdoba, a parte de tu familia y amigos?

Me falta mucho el sol, los gritos por la calle, los gusanitos “risi”, las tapitas, las cervezas baratas y mil cosas más. Me falta mucho el levantarme a las tantas, la alegría que existe entre las personas, la comida de mi madre, la cercanía de darse un beso sin que te miren mal. La facilidad de conseguir las cosas en España, en Francia eso es imposible, la burocracia es terrible. Son cosas que me recuerdo cada día y me hacen mucha falta. En Francia no existen los cubitos de hielo… Son cosas muy banales pero que en el fondo es lo primero que echas de menos cuando llegas.

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