La Universidad de Córdoba estudia la formación de las palabras

La profesora cordobesa Carmen Portero participa en un equipo internacional que adopta un modelo gramatical complejo para explorar los mecanismos por los que se crean palabras nuevas en las lenguas.

Palabras.
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Redacción. Aunque sean un constructo social, las palabras parecen vivas. Muchas son flexibles para informar del género, número o tiempo en el que se produce una acción. Algunas interactúan entre ellas, o con alguna de sus partes como si fueran un mecano, para dar lugar a vástagos que definen nuevas realidades. Un equipo internacional con presencia de profesorado de la Universidad de Córdoba (UCO) ha empleado un modelo gramatical complejo para analizar estos procesos de formación de nuevas palabras, algo que ocurre en todos los idiomas del mundo y que permite que las lenguas sigan vivas.

Igual que un átomo se descompone en partículas menores, unas agrupadas alrededor de un núcleo y otras ligadas en capas más exteriores, las palabras pueden parecer compactas, pero disponen de partes diferenciadas. Se llaman morfemas. El morfema es la unidad mínima con forma y significado del análisis gramatical (la raíz gat- de la palabra ‘gato’ y la marca de género masculino -o, por ejemplo). El trabajo lingüístico en el que ha participado la profesora de Estudios Ingleses Carmen Portero ha abordado cómo los morfemas actúan para crear nuevas palabras, en un proceso similar al reciclado: se toma una parte útil de otra palabra, su raíz, y, combinándola con otros elementos, aparece otra nueva, por ejemplo: ‘empoderamiento’ (donde la raíz es ‘poder’ y el resto, añadiduras necesarias).

“Como las lenguas estructuran la realidad, todas las elecciones que el hablante hace al utilizar una lengua y que tienen una motivación funcional se reflejan en la forma. La teoría intenta capturar formalmente todas estas distinciones”, resume Portero.

El modelo teórico se denomina en inglés Functional Discourse Grammar y, según explica Portero, “es la arquitectura que pretende dar a conocer las distinciones funcionales en todas las lenguas”. El trabajo es un ejercicio complejo de abstracción. Las lenguas son creaciones humanas y no se dan por sí mismas en la naturaleza. Por eso, en la ciencia que las estudia, la lingüística, conviven diversos modelos lingüísticos que aspiran a interpretar estos constructos. Los más conocidos quizá sean el estructuralismo de Ferdinand de Saussure o la gramática generativa de Noam Chomsky, aunque hay otros muchos.

El modelo de la Gramática Funcional Discursiva “es de una complejidad superior al de otros modelos lingüísticos que son más populares en el panorama de teorías lingüísticas actual”, reconoce Portero. En este caso, se apuesta por establecer varios niveles de análisis, desde el discurso a la parte morfológica de las palabras, y se codifican mediante simbología parecida a las de las líneas de texto que emplean los informáticos los distintos elementos que intervienen en cada unidad lingüística. El trabajo científico ha aparecido recientemente publicado en la revista Linguistics.

El trabajo de investigación surgió tras un taller internacional sobre la Gramática Discursiva Funcional celebrado en Viena en 2013. Previamente y durante el seminario, los asistentes interactuaron para poner en común las ideas allí defendidas, que llevarían a mejorar aspectos concretos de la teoría, específicamente, el componente léxico, que se ocupa de la formación de palabras nuevas, entre otras cuestiones.

Portero ha analizado el papel de los diferentes tipos de morfemas en la creación de palabras en inglés. El inglés es una lengua que, con el paso del tiempo, se ha empobrecido. “El anglosajón [forma temprana del idioma de Shakespeare] era mucho más complejo, pero con el tiempo se ha ido simplificando”, explica Portero. El idioma ha adquirido tal grado de flexibilidad que forma verbos, sustantivos y, en general, palabras nuevas, con gran simplicidad. Un ejemplo es el verbo to google (rastrear algo usando el famoso motor de búsqueda del mismo nombre), formado desde el nombre comercial de la empresa tecnológica. “Su simpleza morfológica contrasta, sin embargo, con la complejidad fonológica. El inglés dispone de doce fonemas vocálicos simples frente a los cinco del castellano”, advierte la profesora de Morfología

Cuando una persona se dispone a hablar tiene que tomar una serie de decisiones para que el mensaje que quiere transmitir sea efectivo. Elige en la maleta cerebral una serie de elementos con los que vestirá el discurso. La teoría intenta llegar al fondo de todos estos ropajes empleados por el hablante, no sólo en un idioma, sino de forma universal. A fin de cuentas, el traje es similar para un francoparlante que el individuo de un habla local de una remota isla indonesia, por poner dos ejemplos distantes.

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