Cuando el camino va llegando a su fin

En algunas civilizaciones, ser el mayor de la familia es sinónimo de poder, implica un respeto, una atención primordial… ¿Y por qué no aquí?

María Mascareña /Psicóloga del Centro Kambalaya.- Es curioso que cuando somos pequeños nos gusta aparentar ser mayores, pero sin embargo, a partir de cierta edad, somos muchos los que querríamos parar el tiempo y que nuestro contador fuera de nuevo hacia atrás. ¿Será que tenemos miedo a hacernos mayores?

Tercera Edad
Es deseable respeto y consideración hacia los mayores

Vivimos en una sociedad donde lo viejo no tiene cabida, donde las personas mayores nos cansan con su lentitud, donde tratamos de evitar parecer viejos a toda costa… sin embargo casi todos pasaremos por esa etapa antes de morir.

Cuando el tiempo pasa, vamos dejando atrás diferentes etapas de nuestra vida. El crecimiento de los hijos, el cambio físico, el cansancio, la jubilación… son señales de que los años van pasando y de que la etapa adulta va dando paso a la vejez.

Cuando llegamos a la última etapa de nuestra vida, nos encontramos con algunos enemigos entre los que predomina la soledad. La soledad viene acompañada de tristeza, ansiedad, baja autoestima, sensación de desesperanza y desprotección y, en la mayoría de los casos, es la causa mayor de que nuestros mayores dejen de moverse y de luchar por sus vidas.

No es fácil sentir que ya no somos útiles, que no somos capaces de hacer las tareas que hemos hecho durante toda nuestra vida, que el cuerpo no nos acompaña, que cada día nuestra colección de pastillas es mayor y que empezamos a no recordar historias importantes. Pero más difícil es, si cabe, enfrentarnos a todo esto “solos”, casi sin ayuda. Porque nuestro compañero/a de vida puede estar incluso más viejo que nosotros, porque nuestra familia tiene que trabajar, que vivir, que divertirse, porque día tras día nos vamos encerrando más y se nos van las fuerzas para seguir viviendo.

En algunas civilizaciones, ser el mayor de la familia es sinónimo de poder, implica un respeto, una atención primordial… ¿Y por qué no aquí? Las personas mayores son portadoras de sabiduría y experiencia, han conocido otras etapas de la historia, han visto multitud de cambios políticos, sociales, económicos…, pueden aportar otros puntos de vista diferentes a los actuales, pueden enriquecernos muchísimo, tanto que casi ni lo imaginamos.

Pero… ¿Qué podemos aportar nosotros para que su vejez sea más llevadera?

1. Afecto. Las personas mayores necesitan afecto y cariño, y con esto no sólo me refiero a la familia, sino a la sociedad en general. El afecto se demuestra escuchándolos, ayudándolos, teniéndolos en cuenta. Afecto no solo son besos o abrazos, afecto puede ser ponerles música que les guste, ir a dar un paseo, ayudarles a entender su teléfono móvil,…

2. Escucha. Cuando llegamos a cierta edad, los recuerdos de otras épocas vienen a la memoria deseando salir y ser contados a los demás. Las batallitas de cuando eramos niños, el día de nuestra boda o cuando los nietos eran pequeños pueden venir a la memoria con mucha fuerza y emoción y no hay cosa que sea más agradable que alguien escuche lo que queramos contar.

3. Tiempo. A pesar de las prisas, los quehaceres, el trabajo… sacar tiempo para nuestros mayores es tiempo de vida que les damos. Para una persona mayor, el tiempo es eterno, pues ya sus vidas han dejado atrás las épocas gloriosas, los compromisos, las responsabilidades, el trabajo… y cuando les dedicamos parte de nuestro tiempo, hacemos más amena esta etapa de sus vidas. No hace falta gran cosa, simplemente estar, ver la tele, escuchar y charlar pueden hacer magia.

Nuestros mayores son parte esencial de nuestra historia, ayudemos a hacer felices sus últimos años.

María Mascareña
Psicóloga del Centro Kambalaya

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