El atleta Orlando Ortega, medalla de plata para España en 110 metros vallas

“Gracias a España, gracias por esta oportunidad, gracias por confiar en mí”, fueron las primeras palabras de Orlando Ortega al ser entrevistado tras la carrera.

Orlando Ortega
Orlando Ortega, tras cruzar la meta

Redacción.- El atleta Orlando Ortega ha dado a España su primera medalla en el atletismo de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro al alzarse con la plata en la final de los 110 vallas.

Ortega cruzó la meta en 13,17 segundos, por detrás del jamaicano Omar Mcleod, oro con 13,05, y justo antes que el francés francés Dimitri Bascou, bronce con 13,24.

España, que no conquistaba una medalla en el atletismo olímpico desde Atenas 2004 -donde logró tres, dos en la pista y otra, posteriormente, en los despachos-, sumó así su séptima presea en lo que va de Juegos, cuatro oros, una plata y dos bronces.

Con su plata, y en una carrera en la que fue de menos a más, con una brillante remontada en los últimos metros, Ortega cumplió con las expectativas que la delegación olímpica española había puesto sobre él, el “encargado”, junto a la saltadora Ruth Beitia -pendiente aún de debut- y al marchador Miguel Ángel López, de cosechar los metales del atletismo español en Río 2016.

Además, tras el fracaso de López, que no pudo pasar del undécimo lugar en los 20 kilómetros marcha, y las decepciones acumuladas en otros deportes, donde España esperaba subirse al podio y no lo logró, la presión se había redoblado sobre el vallista, que afrontaba sus primeros Juegos Olímpicos con España, tras obtener la nacionalidad en agosto de 2015.

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Orlando Ortega, envuelto en la bandera de España

En Londres 2012, el ahora medallista español aún vestía el azul, blanco y rojo de su Cuba natal. Y también fue finalista. Pero, en su primera cita olímpica, no pasó del sexto lugar.

Cuatro años después, Ortega llegó a Río 2016 con su nuevo pasaporte y objetivos más ambiciosos: el podio. Ésa fue una de las razones esgrimidas por el vallista para desertar de Cuba: la falta de medios para aspirar a cotas mayores.

Lo hizo en 2013, después de una sanción de la Federación caribeña, que lo mantuvo entrenándose solo, sin apenas condiciones, por haberse saltado una competición.

Aunque Ortega la recurrió y volvió a competir con Cuba en el Mundial de 2013, la decisión de abandonar la isla ya estaba tomada.

España le ofreció un idioma común, una cultura similar, un club con el que competir -el CAVA- y, sobre todo, la posibilidad de medirse asiduamente a los mejores en las reuniones que se celebran por toda Europa.

Con la nueva nacionalidad ya reconocida, dos años más tarde, Ortega enseguida se convirtió en el plusmarquista español de los 110 vallas, con los 12,94 segundos que logró en el meeting internacional de Mónaco.

Esta pasada noche, Ortega no superó su récord pero se colgó su primera medalla olímpica al cuello y, con su plata, le devolvió al atletismo español  un podio en los Juegos.

Primero fue la euforia al verse segundo, después la ansiedad por encontrar una bandera española que completase la noche soñada. Después las lágrimas al hablar con su padre, presente en el estadio. Orlando Ortega, el nuevo medallista de plata de 110 metros vallas, no podía ni hablar. Llegó a la zona mixta de las televisiones y rompió a llorar. “Gracias a España, gracias por esta oportunidad, gracias por confiar en mí”. Lloraba de agradecimiento al país que le dio la nacionalidad hace 11 meses, de tristeza por la lejanía de la familia y de felicidad: “Prometí antes de salir de España que iba a dar todo lo mejor de mí por España… Dejarme la piel por ella y dar la vuelta al estadio. Y he cumplido”.

Muchas emociones se acumularon en Ortega al concluir la carrera y ser consciente del logro conseguido:

“Han sido tres años sumamente duros y difíciles, mucha tensión, no saber hasta última hora si podía competir aquí. Estoy muy contento, muy emocionado, muy orgulloso”. Ortega se acordó de su familia: el abuelo y dos hermanos en Artemisa, Cuba, la “hermanita que cumplía años ayer y quería oro, pero este resultado es para ella también”, la madre y la abuela y los otros dos hermanos que viven en Estados Unidos.

Mostró la medalla que compró un día con su madre en Estados Unidos y que lleva siempre al cuello: “Un símbolo de un ancla de un barco, un timón y el crucifijo de Jesucristo”. “Confío mucho en Dios por la fuerza y el apoyo que me ha brindado. Pegado a esta medalla está el nombre de mi abuela; gracias a ella he logrado esto. Siempre le pido antes de salir a mi abuela y a Dios que me acompañen”.

En plena euforia del cubano que buscó una vida mejor se palpaban los “tres años muy difíciles, muy tensos, la mucha presión”. Pero Ortega estaba realmente contento consigo mismo: “Gracias a Dios logré poner el nombre de España y el mío bien alto: estoy bien orgulloso de la persona que soy y todo lo que he luchado”.

Para finalizar, un deseo y una promesa. Lo primero, “comerme una buena paella de carne (no me gusta el marisco)”. Lo segundo, bajar de 13 segundos (hizo 13.17 en la final) “por España”. “España me ha enseñado a no rendirme y saber que los sueños se cumplen”.

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